Levedad y grandeza: Notas sobre la arquitectura civil del Barroco jerezano

El Barroco llegó a Jerez de forma tardía, casi adoptando el estatus de un romanticismo autóctono

Los matices de los que la Historia ha impregnado los rincones de Jerez reflejan ciertos contrastes, a menudo desapercibidos, entre dos espíritus complementarios. Ambos aparecen de forma explícita en el Barroco, que aquí llegó de forma tardía, casi adoptando el estatus de un romanticismo autóctono.

Palacio Domecq | Diego Luna para MIRA Jerez
Palacio Domecq | Diego Luna para MIRA Jerez

Cabe recordar que la sensibilidad barroca va asociada a la complejidad; alude, por definición, a aquello opuesto a los excesos simplificadores de la Razón. En la medida en que, como para Eugenio D’Ors, lo barroco evidencia el desequilibrio tensional del que huyen los clasicismos, estamos hablando ni más ni menos que del motor de la Historia.

Entre la levedad de los fragmentos de gloria y la grandeza del propio hecho de sugerirlos se articula en efecto una dinámica –casi dionisíaca– que añade imperfección a la perfección, posibilitando el cambio, superponiendo lo teatral a lo real, lo retorcido a lo liso, lo enfático a lo sereno. Exactamente como ocurre en Vivaldi.

Palacio Domecq | Diego Luna para MIRA Jerez
Palacio Domecq | Diego Luna para MIRA Jerez

En el caso de la ciudad de Jerez, la progresiva recuperación económica y demográfica que trajo consigo el XVIII tuvo sus consecuencias directas en la arquitectura del momento. Como La Colegiata, fueron varias las iglesias que terminaron de enterrar sus aires medievales bajo el influjo barroco procedente de Sevilla, si bien, en lo que respecta a la arquitectura civil, solo las casas de nuevo cuño llenaron los vacíos urbanísticos existentes.

A la par que ciertos enclaves bodegueros fueron situándose en zonas despobladas por las epidemias del siglo anterior, algunos de estos palacios, como el del Marqués de Montana, hoy Palacio Domecq, ocuparon solares disponibles entre conventos, creando novedosos espacios para una burguesía floreciente, definidos por el movimiento y los juegos de perspectiva.

Palacio de Pérez-Luna | Diego Luna para MIRA Jerez
Palacio de Pérez-Luna | Diego Luna para MIRA Jerez

Junto con los palacios de Bertemati, Villapanés, Pérez-Luna, Pemartín, Villavicencio o el del Casino, entre otros, el ejemplo citado constituye de hecho una de las mejores muestras de la arquitectura civil del Barroco jerezano. La grandeza de las imponentes fachadas de estas construcciones contrasta con la volatilidad y maleabilidad de sus originales composiciones (tanto en planta como en alzado) y los programas vegetales en escayola, cerámica policroma o barro cocido, que las adornan.

Casino Jerezano | Diego Luna para MIRA Jerez
Casino | Diego Luna para MIRA Jerez

Como rasgos comunes destacan los siguientes: decoraciones profusas en los arcos de la planta baja de los patios frente al carácter liso de las zonas superiores; amplios balcones y ventanales dispuestos al vuelo; variaciones mixtilíneas sobre plantas, arcos y molduras; sustentos imposibles mediante columnas retorcidas (salomónicas), frágiles columnillas sobre plinto en las esquinas de las fachadas y estípites procedentes de la arquitectura de retablo; filetes, pilastras y baquetones en chaflán; etc.

A la función aparentadora de todos estos elementos se debe en último término el contraste característico de lo barroco: la confrontación entre los dos impulsos que sustentan la capacidad de expresar o materializar ciertas épocas de cambio.