“A los trece: Ana Frank”

El mejor regalo de Reyes en la adolescencia

Como cada año, los Reyes Magos llegarán a nuestras casas para traernos sus maravillosos regalos y seguir con esa tradición y creencia cristiana en la que adorar al prójimo es adorar al Mesías.

Los comercios harán su Agosto exprimiendo al máximo a estos tres ancianos, bonachones y sabios, que tan benevolentes son con la mayoría de nosotros.

Juguetes para los más pequeños y ropa y tecnología para los mayores; regalos, que, sin duda, se disfrutarán mucho durante un periodo de tiempo que ya tiene fecha de caducidad; un tiempo que quedará en nada dentro de muy poco.

Los niños se acabarán cansando de sus juguetes o rompiéndolos; en ambos casos, nunca más lo podrá volver a usar ya que al año siguiente el juguete ya no funcionará o habrá salido una versión nueva y habrá pasado de moda la anterior.

Pero, ¿y aquellos regalos que duran para siempre? El mejor ejemplo de estos últimos sería, sin lugar a dudas, un libro.

Que nos regalen un libro no contribuye solo, a mi juicio, al disfrute instantáneo y temporal de quien lo recibe, sino que pasa a formar parte, queramos o no, de nuestra formación intelectual, del despertar y desarrollo de nuestra opinión crítica y de la idea de que poseemos un tesoro único, una pequeña, fina o gruesa, reliquia, engendrada por un artista, que, posteriormente, podrá heredar las generaciones futuras.

editorial ana frankEs maravilloso cuando nos regalan un libro, primero, porque la persona que lo regala suele escribir una dedicatoria en las llamadas “páginas de sacrificio”, y así podremos recordar ese momento siempre que abramos el ejemplar y, en el caso de estas fechas tan señaladas, ¿Quién no querría una dedicatoria y un autógrafo de Melchor, Gaspar y Baltasar?

Es la hora de pensar que libro regalar lo que suele dar más problemas, porque, a veces, S.M. de Oriente están al tanto de nuestros gustos musicales, deportivos, tecnológicos pero no de nuestros gustos a la hora de leer, ya que, parece, que, equívocamente , esta tarea de seguimiento de nuestras lecturas se cree que es responsabilidad de los maestros.

Podemos disfrutar de Larra, Machado, Lope, Juan Ramón Jiménez, Lorca, Alberti, Bécquer, pero siempre Ana Frank y su “ Diario” encabeza mi gran lista de libros preferidos, que recomendaría a otros sin dudar, por encima del “Romancero gitano”, de Federico ;o sus tragedias “ Bodas de sangre”, “ Yerma” o la casa de Bernarda Alba”, y no es porque a estos les falte calidad o sentimiento, cosa que abunda en ellos, sino por la realidad de lo vivido y lo acontecido en las páginas de aquel “ Diario”; una niña, que lejos de la ficción, se enfrenta a la clandestinidad y al miedo de ser encontrada por los nazis, con un único arma con el que defenderse y expresarse: un montón de folios y una estilográfica que le regaló su abuela.

Por aquel entonces aun no sabía de la polémica que existía y la opinión que muchos tenían de que se hizo demasiado negocio con la historia de aquella niña víctima del holocausto. Yo solo vi un diario personal a modo de estilo epistolar que absorbió mi atención hasta hacerme esclavo de su lectura.

Me enfrenté a ella con mis pupilas como armas y pronto se convertiría gracias a mi mente y mis sentimientos, en un pedazo de historia , único e irrepetible entre mis dedos; un manual de vida del cual aprender ,por cada relectura, un poco más, sobre los sentimientos humanos, los deseos adolescentes, la crudeza de la guerra, la rebeldía propia de una edad tan compleja y la frustración de estar encerrados, escondidos, aislados del día a día en el que el resto del mundo se mueve.

Así que espero que los Reyes Magos se acuerden de aquella adolescente escritora que regaló sus sentimientos a un diario al que puso nombre, con el fin de tener una amiga intima, Kitty y al que le contó todo aquello que sentía : sus frustraciones, deseos, opiniones críticas, etc.

Ojalá Melchor, Gaspar y Baltasar regalen este año muchos ejemplares de esta maravillosa joya de la literatura universal, la autobiografía más enternecedora que he leído; la de aquella joven escritora encerrada y escondida; aquella adolescente rebelde en todos los sentidos; aquella judía alemana que murió, como tantos otros, en el campo de concentración Nazi de Bergen-Belsen, se cree que en Marzo de 1945, apenas un mes antes de la liberación del Campo y el fin de la II Guerra Mundial.

Hablamos, sin duda, de un regalo que cambiará vuestras vidas para siempre y os hará valorar, de forma muy notoria, el privilegio que tenemos muchos de no vivir en guerra, de no vivir escondidos, de no vivir atemorizados y os enseñará que , aun en momentos de desesperación, en los que la vida corre peligro, la expresión escrita en primera persona puede ser un gran método de distracción y canalización de nuestras emociones, y , sobre todo, en el despertar de las mismas: la adolescencia.

Así pues, digo y seguiré diciendo lo mismo, per saecula saeculorum, cada vez que me pregunten qué libro debe leer un adolescente. A los trece: Ana Frank.