“Bluf”

No sé si fue la única. Pero hubo una gran verdad en la segunda jornada del debate de no investidura. Un término. Cierto como la vida misma. Palabra pronunciada y después explicada por un Rajoy crecido como nunca y dirigida a una Pedro Sánchez del quiero y no puedo, como siempre.

Bluf. Así calificó Mariano Rajoy el supuesto pacto de no gobierno entre PSOE y Ciudadanos. Efectivamente, es un bluf. De los gordos. Y Pedro Sánchez y sus compañeros socialistas lo saben, aunque jamás lo reconocerán. Faltaría más.

Si bluf significa ‘montaje propagandístico destinado a crear un prestigio que posteriormente revela falso”, el acto parlamentario, reglamentario, palmario y de futuro obituario de Pedro Sánchez fue eso. Todo un bluf, que el todavía dirigente socialista pagará bien caro. Es cuestión de tiempo. Y no mucho, precisamente.

Bluf también significa ‘persona o cosa revestida de un prestigio falto de fundamento’. Y nunca mejor se ha podido definir a Pero Sánchez un candidato a la nada que se presentó en el Congreso de los Diputados para nada, salvo que su intención hubiese sido otro bluf. Es decir, una ‘fanfarronada o acción intimidatoria hecha por quien no cuenta con los medios para cumplir su amenaza”. Claro está, Pedro Sánchez no cuenta con los medios en forma de votos para convertirse en presidente, clara amenaza para muchas cosas. Bien parece que la Real Academia de la Lengua, aquella que limpia, fija y da esplendor, hubiese tenido una bola de cristal para definir al personaje y a la situación.

MADRID, SPAIN - OCTOBER 30:  Spanish Prime Minister Mariano Rajoy addresses the parliament about alleged mass U.S. eavesdropping on millions of Spanish citizens' phones on October 30, 2013 in Madrid, Spain. Spain's public prosecutor opened a preliminary investigation yesterday to see if the U.S. broke the law with their alleged National Security Agency (NSA) eavesdropping.  (Photo by Denis Doyle/Getty Images)

Bluf fue también el victimismo con el que Sánchez subió al estrado porque se sentía insultado por Rajoy. Aunque bluf mayor para los socialistas fueron las verónicas, pases de pecho, manoletinas, puyazos y pares de banderillas negras que el supuesto antitaurino Pablo Iglesias le dedicó en el centro del ruedo político a un Pedro Sánchez que parecía un manso. Al líder de podemos sólo le falto vestir de luces, o con una camisa planchada, y salir a hombros de la izquierda por la puerta grande de los leones.

Lástima que Pablo Iglesias en sí sea también otro bluf favorecido por determinadas televisiones privadas – las mismas que cerrará el líder de podemos y si toca poder – y por el país de las maravillas del imaginario colectivo que le gusta oír lo que quiere escuchar.

El segundo día de la no investidura pasará a la historia del PSOE como eso, un bluf. Si hay nuevas elecciones, que las habrá, Sánchez ha puesto toda la carne en el asador para que Podemos se convierta en la segunda fuerza política de España, para regocijo de los barones socialistas.