“Limitar los mandatos”

Uno de los políticos españoles más odiados por la izquierda, buena parte de la derecha, agnósticos, ateos, capillitas y meapilas es al mismo tiempo el único que ha sido capaz de dar el mayor de los ejemplos. Y no se trata precisamente de una foto en las Azores. Ni de su entereza tras salir vivo de un atentado terrorista. Su virtud fue retirarse tras 8 años de gobierno. Su éxito autolimitar de forma gestual los mandatos políticos. Aznar se fue, cuando podía haber seguido. Y se fue porque quiso.

En 2004, parecía una gesta. Hoy, en 2016, es una necesidad. Todos los políticos de todos los partidos defendieron entonces la limitación de mandatos. Ahora muchos políticos siguen defendiéndola, pero sólo delante de los micrófonos y en ruedas de prensa. Porque pocos, muy pocos, han hecho algo para que la legislación contemple tal figura.

No es un capricho. Ni un recurso del que hoy toca opinar. Insisto que es una necesidad pública, política e higiénica. El último gran caso de corrupción que investiga la Justicia se ha producido en el Ayuntamiento de Valencia, por cierto dirigido por una misma persona, Rita Barberá, desde 1991. Más de 20 años. Doce más que ocho. Tres mandatos más que dos.

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Diecinueve años estuvo Manuel Chaves al frente de la Junta de Andalucía ganando elecciones con suma facilidad. Nada que reprochar. Pero a lo largo de esos casi veinte años se gestaron los mayores casos de corrupción que se conocen y avergüenzan a los andaluces como yo. Por ejemplo, los ERE o el fraude de la formación. Y muchos casos más.

Creo firmemente en la honradez personal de Rita Barberá y de Manuel Chaves. Estoy convencido de que no han metido la mano en la caja para su uso y disfrute personal. Pero cuando alguien lleva tantos años gobernando, pierde la ilusión por hacer bien las cosas y baja la guardia en casi todo, salvo para repetir. Y si para repetir un asesor te dice qué… pues eso.

Y si el líder pierde la ilusión, imagínense las segundas, terceras o cuartas líneas del organigrama político del político en cuestión. Y de esos polvos, estos lodos en forma de paseíllo ante los juzgados por presunta – por guardar las formas – corrupción.

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Ahora, el Partido Popular – el de Andalucía – ha propuesto al Parlamento autonómico  que el cargo en la Presidencia de la Junta se limite a ocho años, o lo que podría ser lo mismo, dos mandatos. Los mismos que llevará Susana Díaz en 2019, año en el que los andaluces estaremos llamados a elegir quien gobierna esta tierra.

No sé si lo que pretende Juanma Moreno Bonilla es despejar el camino de futuros contrincantes. Pero lo que sí sé es que difícilmente la propuesta del PP salga adelante, porque muy pocos son los convencidos de que con ocho años, basta. Incluso sobra.