El puchero populista

Caos, confusión, desorden. Entropía.

 Artículo de OPINIÓN de  Marga Segura 

El caos nos invade con efecto paliativo inmediato, como el ibuprofeno 600 a un dolor de cabeza demoledor, una mano fuerte en momentos vertiginosos o una lágrima que supura los errores cometidos.

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El caos moviliza, rompe, desordena, revoluciona, emociona… Acaba con lo establecido, gana. El caos siempre gana. Pero también muere, es finito. Y con su off, la vida se vuelve a configurar. La estructura, los ecosistemas, los equilibrios, las redes, las desigualdades… se empiezan a gestar nuevos dolores de cabeza, oportunidades, otro ciclo económico y menstrual, reacción después de la acción. El caos es terapéutico y apasiona, regenera pero también destruye. Siembra incertidumbre. Y juega a la ruleta rusa.

La frustración, la apatía, la falta de expectativas o el desengaño son factores exponenciales en el proceso de cocinado del caos, y el cucharón que remueve la olla es una herramienta fácil para hábiles, sagaces, espabilados: el populismo.

El cucharero mayor de nuestro reino ya lo ha manifestado, vía tweet: “El fascismo de Trump señala las claves de ruptura de una nueva geografía ideológica”. Así es, Pablo Iglesias y Trump, medias naranjas del mismo zumo, azuzan al caos y remueven con ímpetu lo emocional de la sociedad, cada uno con su particular receta, más o menos sal, más o menos tomate, pero el objetivo lo tienen en común: coger el poder. Hasta ahí se puede contar.

El norteamericano lo ha conseguido, el español (quiera o no quiera es español), no. En nuestro país tiene techo, aunque se mueran los viejos. España no es EEUU ni Venezuela, aquí el populismo cala hasta cierto punto. Por muy preocupante que sea el nivel educativo (ver informe PISA), lo que está teniendo consecuencias importantes en más de una generación, este país tiene mucho vivido, un pensamiento político con trayectoria, mucha historia, y no sólo para hacer discursos irrespetuosos y sesgados en la tribuna del Congreso. Nuestra historia pesa y forma parte de nuestra conciencia colectiva.

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Por eso, Pablo Iglesias no va a llegar a gobernar como lo va a hacer Trump o como aún lo hace su camarada Maduro. Aun así, puede seguir moviendo el cucharón, seguir vertiendo populismo y jaleando en su twitter y en la calle. Está en todo su derecho. Es un papel que interpreta a la perfección, quizás con sobrante de sobrado.

Pero que tenga en cuenta que aunque la incertidumbre del caos es seductora en momentos de crisis y el populismo es una semilla de crecimiento rápido, la incoherencia también se viste de revolucionaria y le puede quemar el puchero.

En fin el caos, ese concepto.