“Y tú, ¿cuánto vales?”

Nací ayer y soy un ser humano.

Desconozco el mundo al que he llegado, todo es nuevo y tengo miedo. Pero algo me empuja, algo escrito en mis genes, irresistible, una puerta a la aventura. Mi curiosidad. Y tengo toda la vida por delante para descubrir este mundo extraño y atractivo a la vez. Y observo, analizo… pasan los años… Pero, ¿qué es esto?

Estoy en un mundo de seres contradictorios, ambiciosos, envidiosos, egoístas, en pocas palabras, “parásitos incontrolables”. Una torpe y peligrosa especie diría yo. Una especie capaz de realizar operaciones conceptuales y simbólicas muy complejas, permitiéndole construir estructuras sociales para después descomponerlas en intereses que obedecen a sus instintos primarios.

Individuos-productos de bajo presupuesto. Productos diseñados para comprar otros productos. Un mundo donde a cada individuo se le valora por la cantidad de objetos que posee, aprendiendo por consiguiente a despreciarse a sí mismo, viviendo en una frustración permanente al no poseer todo lo que cree necesitar.

consumismo 3

Una especie, en definitiva, que hará y será lo que los medios le digan. Y con esa percepción de nosotros mismos, creemos justificar nuestras acciones destructivas, para al final, hallar un mundo donde el deseo y la codicia impera, callando y sustituyendo al pensamiento.

Esto no se trata de que sea verdad o no, sino de lo que percibo como verdad. Reconozco la debilidad de mi frágil mente, blanca como un archivo vacío listo para ser rellenada con información, inocente e inexperta. Pero también poseo una voluntad, una elección. Y si el lenguaje determina la estructura del pensamiento humano, podríamos decir, que aquellos que tienen un dominio más completo de la palabra, tienen también, más capacidad para razonar.

Entonces…
Reconoce tu ignorancia y ¡Corre!
Corre y recorre la vida, ¡Experimenta!
Experimenta el dolor, la tristeza, el fracaso…¡Experimenta!

Allí está el ideal que ilumina tu camino.
Donde las letras están ordenadas por sabios pensadores, aventureros de civilizaciones de aquí y de allá, imaginantes de historias y mundos e inventores de uso y disfrute.

La cultura y la sabiduría te librarán de las normas que controlan las actitudes, del invisible sistema que fabrica tus temores, que nutre tus inseguridades y que te dificulta sobrevivir.

Pasea tranquilo, con las manos en los bolsillos, observando las causas, los efectos, aquella casualidad desconocida, que por su propia definición, es inexistente y ridícula.
Sí, la ignorancia es el origen, el dolor es la causa y el sufrimiento es el secreto.

Un día, las lágrimas habrán excavado los futuros cauces de tus mejillas, esas arrugas signo de sabiduría, que no de vejez; de pasos no lentos, sino meditados; de miradas cercanas en el tiempo, el mañana está lejos y no existe.