Lo importante

“La solución de los problemas reales del mundo poco o nada tiene que ver con la derrota de Hillary Clinton”

Al enfrentarme a una hoja de word en blanco, me asaltan las dudas sobre qué opinar. Hoy, sería capaz de hablar de tantas cosas que me indignan, que a buen seguro mi médico de cabecera me desaconsejaría este ejercicio periodístico, por aquello de los registros de la tensión.

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Me preocupa lo que es o no importante. Y de la importancia que algunos pretenden darle a lo que ninguna o muy poca tiene. Y en esa dicotomía me encuentro. Lejos, muy lejos, de una postura lógica capaz de reconciliarla con mi más básico instinto político, social o cultural.

Que ha ganado Trump, pues muy bien. Es lo que han querido los estadounidenses. Ayer los agoreros de siempre y los nuevos derrotistas de la opinión publicada y emitida ya casi daban por pulsado el botón nuclear y por desaparecida la civilización occidental. Se instalaron en un bucle sombrío centrado en Nueva York y en la Casa Blanca, cuando la solución de los problemas reales del mundo poco o nada tiene que ver con la derrota de Hillary Clinton.

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Buena parte de la población mundial no tiene qué comer, ni agua potable para beber. Tampoco dispone de servicios médicos públicos, gratuitos y cercanos a sus viviendas. Niños que trabajan y que nunca han sabido qué es jugar. Son los desheredados del mundo, que ni aparecen en los escrutinios ni en los, otra vez, fallidos sondeos de opinión. Tampoco en las tertulias y foros de opinión política.

Son los mismos apestados que antes de la victoria de Obama, que ahora tras el triunfo de Trump. Pero nadie habla, ni opina, ni valora sobre ellos. Sólo interesa que si a Marine Le Pen o a Putin les ha agradado la nueva realidad política norteamericana. Y, claro está, esa forma de analizar la actualidad me produce reacciones cercanas a la hipertensión.

Ayer se hablaba mucho de si la bolsa subía o bajaba por el efecto de los resultados electorales en Estados Unidos. Pero no oí a nadie reivindicar al que será el hombre más poderoso de la tierra medidas eficaces para que las empresas farmacéuticas dejen de hacer negocio con el dolor de los que menos tienen. Sólo importaba si la cotización favorecía a occidente.

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Muy probablemente, nada haya cambiado desde que Obama ganó sus últimas elecciones. Todo sigue igual. Con leves matices. Los problemas siguen siendo los mismos. Y los que se suponen que prescribimos opinión vamos a lo mismo, que no es otra cosa que alimentar imaginarios colectivos cuya única función es desviar la atención sobre lo que es o no importante. Por eso, yo ahora mismo proclamo que la victoria de Trump, siendo importante, no es lo más importante. Echemos un vistazo a nuestro alrededor.