“¿Quién es más indigno?”

Hay elementos que son patrimonio común de los españoles, de los castellano parlantes, de los castellanos españoles no parlantes, incluso de los que aspiran algún día a expresarse en la lengua de Cervantes – muy de moda estos días por el cuatrocientos aniversario de su muerte- de la que se han apropiado algunos, sin que haya mediado ningún concurso público de adjudicación de bienes igualmente públicos.

Algunos, algunos listillos, se han apropiado del término ‘dignidad’. Se lo han quedado. Lo usan de forma torticera y, ya puestos, de manera poco digna. Tanto, que estoy por ponerme en contacto con la Real Academia de la Lengua para que le cambien el significado o para que sea borrado del Diccionario.

Según ese mismo diccionario, el término ‘dignidad’ significa – entre otras cosas – ‘Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse’. Luego, ‘digno’ es una cualidad que puede aceptarse o usarse sin desdoro. Es decir, que lo digno es lo bueno y lo válido. Por tanto, lo indigno pasa a convertirse en una especie de escoria.

Asusta leer prensa – lo escrito, escrito está – y comprobar cómo se suceden declaraciones de determinado espectro político que asumiendo un papel digno no dejan de insultar a los demás por indignos.

Por ejemplo, si usted ha votado al PP, es un indigno, porque ese partido, según los amos y señores del término usurpado, no tiene dignidad. Lo dicen por los recortes, por la corrupción y porque tratan de mantener un gobierno que han ganado en las urnas. Pero claro, como recibieron más de siete millones de votos indignos, el resultado no vale. Si votó a Ciudadanos, su declaración de dignidad se hará pública una vez se cierre un pacto para formalizar investidura y gobierno.

Mariano Rajoy es indigno, porque ganó las elecciones y quiere volver a ser presidente. Pedro Sánchez es el digno más digno porque quiere encabezar un gobierno de izquierdas con el apoyo de Podemos, cuyos integrantes no han hecho méritos para ser llamados dignos. Luego… ¿Quién es el más indigno?

montaje indigno

Me pregunto si Pedro Sánchez fue digno tras aguantar el chaparrón mayúsculo que le dirigió Pablo Iglesias una vez que éste le hizo el gobierno a la medida de Podemos, sin encomendarse a los herederos del otro Pablo Iglesias.

Llaman dignos a los que lucharon en la Guerra Civil en el bando republicano. Estoy de acuerdo. Fue gente digna que luchó por unos ideales. Pero, al mismo tiempo, califican de indignos a los que, luchando también por otros ideales lo hicieron en el bando que ganó. Yo suponía que ser libre para pensar lo que a cada cual le venga en ganas era digno. Pues no. Lo digno es el pensamiento único. Quién lo diría.

Somos indignos los que defendemos la unidad de España, puesto que los dignos aseguran que la unidad es un término discutido y discutible y que España es un estado plurinacional con próximo ministerio cuya función será la de tejer fronteras más que indignas.

Los corruptos, los de la Gürtel o los de Valencia son unos indignos. Lo diga quien lo diga. Sin embargo, los nuevos dueños y señores del término no se atreven a calificar de la misma forma a los corruptos de los ERE, de la Formación o los que ha generado la Andalucía de gobiernos socialistas. Estos deben ser dignos, aunque los unos, los otros y los de la moto han hecho lo mismo, meter la mano donde no se debe. Y eso sí que es indigno.