Orgullo patrio

Dicha sea la verdad, los españoles estamos últimamente huérfanos de situaciones por las que podamos sacar a relucir nuestro orgullo patrio. Ni en política, ni en educación, ni en preservación ambiental, ni muchas otras actividades cotidianas nos dan alegrías como pueblo. Cada vez tenemos menos oportunidades para reafirmar nuestro orgullo patrio.

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El deporte es casi la única actividad humana capaz de ponernos de acuerdo a todos. O a casi todos. Y, cómo no, generar alegrías colectivas. Hay ciudadanos de derechas, de izquierdas, agnósticos, veganos, o anti todo. Pero una victoria de un deportista español o de un equipo español hacen desaparecer las diferencias. Incluso los ateos llegan a creer.

Todos, incluso los que cambian de canal cuando la tele pone algún deporte, esperamos la Olimpiadas con cierto interés. Aunque para el común de los mortales el mayor interés es saber cuántas medallas ha conseguido España. Si le hemos ganado a tal país o si fulano es capaz de lograr algún record.

Llevábamos varios días alicaídos por la falta de buenos resultados. Casi en judo, casi en ciclismo, casi en casi todo. Una medalla de bronce de Mireia Belmonte en Natación había sido hasta hoy la única recompensa, que no era poco.

Sin embargo, esta mañana todos nos hemos levantado más alegres. Tenemos nuestra primera medalla de oro en los Juegos de Río. Quién. Mireia. Quien si no. Buena parte de los que madrugan seguro que se han conectado a las redes para ver cómo le imponían la medalla de oro y cómo la bandera española lucía en todo lo alto mientras sonaba el himno nacional español.

Esta mañana, los de derechas y los de izquierdas van a una, a celebrar ese oro. Todos nos sentimos más orgullosos de ser españoles. Todos hoy queremos lucir en nuestro pecho una bandera de España.

Todos, aunque siempre hay excepciones, como la del tarado que con la camiseta del Barça en un graderío de un pabellón de Río dejó de ondear la bandera española para agitar la catalana cuando advirtió que estaba siendo enfocado por las cámaras de televisión. Tontos en todos los sitios. Tan tontos como los de la TV3 catalana capaz de borrar una bandera española para emitir una catalana con tal de no reconocer que el ciclista español nacido en Barcelona Joaquim Purito Rodríguez obtuvo diploma olímpico.

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Ahora nos vendrían bien algunas cuantas medallas más. Muchas ‘Mireias’ en todos los deportes. Y, por qué no, que se celebren olimpiadas cada seis meses. Porque a España le hace falta mucho orgullo patrio. Es muy necesario que los españoles nos sintamos eso, muy españoles. Que la bandera sea el símbolo de todos y por todos respetado.

Un país que no se siente orgulloso de sí mismo, está condenado al fracaso. Y el nuestro va camino de eso, para desgracia de todos.