Quién le pone el cascabel a las redes sociales

La muerte de un torero corneado en una plaza ha abierto la espita

Muchos, los decentes y cabales, se han llevado las manos a la cabeza. Otros, entre los que me encuentro, llevábamos tiempo denunciando el libertinaje existente en las redes sociales bajo la capa protectora de la sacrosanta libertad de expresión. La muerte de un torero corneado en una plaza ha abierto la espita. Aunque el problema no es nuevo y la tauromaquia no es el único campo de batalla.

La forma de ver las cosas ha cambiado, MIRA Jerez forma parte del cambio

Afortunadamente, vivimos en un país con leyes que garantizan la libertad de expresión.  Pero, claro está, la libertad de decir en público lo que a uno le venga realmente en ganas no debe, o no debería, ser gratis. Pero, hasta ahora, lo es.

Si analizamos las redes sociales, básicamente Twitter, ésta está llena de perfiles falsos, bots, o de fantasmas bajo los que se ocultan algunos que sólo disponen del mínimo número de neuronas como para que funcionen algunos órganos vitales. Gentuza que se aprovecha del anonimato para esparcir bilis por la red contra lo que sea. Lo único importante es insultar.

Durante la pasada campaña electoral, los insultos se multiplicaron contra aquellos que osaban pensar distinto a quienes tecleaban. Pero nadie se llevó las manos a la cabeza. Tal vez, la clase política no quiso hacer ruido con el asunto no fuese atacada y públicamente humillada por atentar contra la sacrosanta y constitucionalista libertad de expresión.

Pero ha muerto un torero. Un ser humano. Y cuando esos personajes falsos, fantasmas, bots o incluso algún que otro descerebrado – que los hay – a cara descubierta se han mofado del finado, a todos nos ha llegado al alma. Y ahora todos, empezando por los poderes del Estado quieren investigar esa avalancha de mensajes insidiosos contra una persona muerta, su familiares y todo el mundo del toro.

Sería muy fácil. Pero alguien debe demostrar que tiene los arrestos suficientes para ponerle el cascabel al pajarito, o lo que es lo mismo, al gato. Las redes sociales son medios de comunicación, al igual que un teléfono móvil. Para obtener una línea de teléfono, sea de la compañía que sea, hay que identificarse, entregar una fotocopia del DNI, proporcionar un número de cuenta y, obviamente, pagar.

Para darse de alta en una red social sólo basta un par de datos, que nadie verifica, y dar un click. Es tan fácil, que es el mejor refugio de malnacidos que utilizan su cuenta para humillar al ser humano, defender a terroristas, delinquir e insultar a quien opina diferente.

Luego, propongo – y no es la primera vez que lo hago – que los poderes públicos y las empresas que sustentan a las distintas redes sociales verifiquen la identidad de aquellos que ya tienen cuenta y haga lo mismo con los que deseen ingresar en ese mundo virtual.

Arreciarían las críticas porque algunos dirán que se está cercenando la libertad de expresión y que sería la nueva ley mordaza más mordaza de todas las mordazas. Insisto, apuesto por garantizar todas las libertadas, y que los internautas a cara descubierta desde su cuenta real insulten, fustiguen o humillen al resto de la humanidad. Pero que paguen, y caro, las consecuencias.