Antonio Reyes, el empirismo del cante

El cantaor se hizo acompañar por un grupo compenetrado comandado por un Diego del Morao descomunal al toque

 Tribuna de Miguel A. Bolaños 

Puede y debe dar más. Y lo hará. Pero de momento se abona a cultivar con esmero cada paso que da en el difícil mundo del flamenco. Antonio Reyes no se corresponde con la imagen típica de cantaor. No busca el destello fulminante, sino ir quemando fases poco a poco, encendiéndose paulatinamente para terminar iluminando la senda del cante jondo dentro de unos años.

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Alguien me dijo que Reyes no es el mejor cantaor del momento, pero porque él mismo no quiere serlo aún. Su carrera, meditada y pausada, busca dominar los secretos del cante en unos años, cuando llegue la madurez y las canas tiñan su pelo aún negro zaíno. Donde no estuve de acuerdo con mi compañero de tertulia fue en que él veía su cante racional y yo lo veo totalmente empírico…

Nos tiene mal acostumbrado el mundo del flamenco al descubrir permanentemente al nuevo Camarón o al renacido Caracol en figuras que centellean alegremente a las primeras de cambio y luego languidecen en una carrera de medianías. No es de ese palo Antonio Reyes, que construye con calma su propia carrera aunque algunos discutan que eso pueda llevarle al estancamiento o al conformismo. No lo creo. Reyes es un empirista de manual, alguien que busca el conocimiento a través de la exhaustiva experiencia en su trabajo desde la vía interna de la reflexión y de la externa de la sensación. Ambas variables del cante las maneja Reyes con mano firme para desentrañar las claves de su arte. Repito: no es estancamiento, es experimentación.

Ese empirismo, ese gusto por probar y demostrar, por buscar el ensayo y el error con su garganta, con los recovecos de cada palo que toca para luego descubrir la verdad, lo vivimos hace unos días en un Teatro Moderno de Chiclana a reventar de público. Reyes se hizo acompañar por un grupo compenetrado y solícito comandado por un Diego del Morao descomunal al toque. Es desde ya el jerezano no una promesa, sino una absoluta realidad de la guitarra, recolector de las esencias puras mezcladas con los tintes de la renovación. Justo lo que le conviene a la voz limpia, clara y modulada de Antonio Reyes, cantaor que se sale de la norma del camino fácil del flamenco. Es ahí donde reverbera como uno de los artistas a tener más en cuenta dentro del panorama de este género tan dado a destruir mitos a las primeras de cambio.

Pero no se puede derrumbar lo que Antonio Reyes está construyendo con mano presta. Para negar a los fundamentalistas, ahí se encuentra esa apertura del recital con un sobrecogedor martinete, seguida de una estupenda soleá que certifica lo esencial, lo atávico del cante del chiclanero. La pureza impregnada de innovación, con la justa improvisación y con la riqueza de matices en otros palos donde hasta coqueteó con el rock andaluz (esos guiños a Triana), mientras de las cuerdas del Morao salían sones que nos remitían levemente a blues y funky.

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Se divertían los maestros en el escenario mientras esperábamos a ver cómo Antonio acometía la bulería, cante complicado, engañoso, despiadado para el cantaor que no sepa cogerlo por derecho, pero agradecido si se sabe capear con soltura. Y es ahí donde Reyes puede revolucionar el mundo del cante si sigue controlando los tempos de esa bulería que sonó arrebatadora y enigmática en el Moderno. Por su parte, las alegrías y el tango fluyeron bellos, felices y acompasados en voz y guitarra, cosa que divirtió al respetable como debe ser.

Hubo también tiempo para el lucimiento del grupo de acompañamiento. El guitarrista chiclanero Juan José Alba tomó el relevo de Diego y el cantaor jerezano Manuel de la Nina el de Antonio, que junto a los palmeros Diego Montoya, Tate Núñez y Manuel Vinaza, así como Edu Gómez en el cajón, buscaron conectar con el respetable con unos cantes acompañados al baile por la gran Patricia Valdés, llamas pasionales en las alas de la música. Con Reyes de nuevo sobre el escenario, la zamba Niña de fuego de Caracol, embrujó a Chiclana y erizó el vello de muchos de los presentes por tan magna muestra de pasión puesta en el experimento preparado por el cantaor local. El empirismo surgido del racionalismo, de una idea que se mostró como adecuada: el cante como solución, no como problema. Antonio Reyes es el empirismo hecho cante.