“Hermano, medallas y golpes de pecho”

Todos somos muy cofrades. Muchísimo. Algunos – bastantes – aseguran ser hermano de esta, aquella, de la del Viernes de Dolores y de la del Jueves Santo. Colgarse medallas en Semana Santa debe lucir mucho. Cada una de esas hermandades, prohermandades, cofradías, asociaciones de fieles o archicofradías es mejor que la otra, Y la otra, mucho mejor que la una.

Hay determinados individuos que son hermanos de tantísimos hermanos y de tantas hermandades, que no se sabe muy por qué no solicitan el título de familia numerosa. Y, de camino, una insignia de oro y brillantes. Probablemente sea porque lo de ser hermano es una impostura propia de las fechas en las que ya se oyen a las bandas ensayar.

Son hermanos que aseguran que nuestra Semana Santa es mejor que la de allí. Que nuestras velas brillan más, que las morilleras suenan aquí mejor y que los capirotes de nuestros nazarenos son más puntiagudos.

Hermanos de traje y corbata a juego, zapatos nuevos y brillantes, de pelo engominado, de insignia en el ojal y de medalla al cuello. Hermanos que se santiguan al paso de una sagrada imagen y que se rasgan las vestiduras si el cielo decide lluvia a la hora de la salida del cortejo penitencial. Y golpes de pecho. Muchos y sonoros golpes de pecho tratando de expiar no se sabe muy bien qué culpas.

Calvario in Sicily

Son tan cofrades y tan hermanos, que los son antes que ejercer otras responsabilidades familiares, como las de conyugues, padres o hijos – que también son familia muy cercana – protagonizando rupturas traumáticas o dramáticas. Pero son hermanos. Otros se autoproclaman hermanos a pesar de que han vejado gravemente a otros hermanos o hermanas o familiares. Igual creen que siendo hermano se paga menos factura por actos condenados por la justicia humana y, cómo no, por la divina.

Muy hermanos. Pero su cofradía es sólo suya. Tratan de convertirla en un cortijo privado aislando y anulando a otros hermanos que no necesitan ni de rasgarse las vestiduras ante contratiempos ni de hacer pública exposición de sus muy sonoros y piadosos golpes de pecho. Se convierten en agentes de poder y de salir en la foto.

Qué más da los Sagrados Titulares. Ni lo que representan. Importan las flores, la música, las velas, los capirotes, las túnicas y, entre otras cosas, que él sea el hermano más hermano. Aunque para ello tenga que pisar, hablar mal o amenazar a otro hermano.

Cuánto mejoraría la Semana Santa si esos cofrades tan prolíficos en la tarea de ser hermanos miraran más a lo que se procesiona y dejaran de mirarse a sí mismos.