“¿Campaña aburrida?”

Estaba convencido. Pero me equivoqué. Pensé que ésta iba a ser una campaña electoral anodina. Y no lo ha sido. Por dos golpes. Uno dialéctico. Otro físico. Los dos jaleados y vitoreados por individuos que se autoproclaman de izquierdas. Supuestos defensores de la libertad de pensamiento y que pisotean los derechos del contrario que osa pensar diferente.

Yo pensé que el aliciente de la campaña era saber si las encuestas acertaban. Si Albert Rivera jugaba a ganador. Si Pedro Sánchez salvaría los muebles o el Coletas pasaba a encarnar el papel de líder de la izquierda. Pero no. Nada de eso.

Estas elecciones serán recordadas por el puñetazo que un niñato propinó a Mariano Rajoy en pleno paseo electoral. Seguro que  el agresor  hijo de mala madre es de los que han protestado voz en grito contra la ‘ley mordaza’. Veinte leyes mordaza le aplicaba yo durante los próximos 20 años a tan indeseable individuo, quien sin quererlo le ha dado un puñado de votos indecisos a Rajoy. Como también hizo el líder, o lo que sea, del PSOE.

20151216_20151216_rafafari_p164

Si no puedes con tu enemigo… A tortas. Ese debe ser el nuevo lema de algunos de la izquierda. Estos sí que son indecentes. Pero a Pedro Sánchez no le oí ayer referirse así al agresor de Rajoy. Todo sea por un voto, que Podemos acecha. La política debe ser decente. Los ciudadanos, todos, de derechas e izquierdas, mayores o menores de edad, también deben serlo.

Lo más grave es que el agresor puños en posición de ataque se librará de mucho por ser menor de edad. Y, digo yo. Si es tan valiente y tan mayor para agredir a Rajoy delante de sus escoltas, también debe ser valiente y mayor para asumir su responsabilidad penal. Pero es menor. No vayamos a provocarle un trauma infantil. Faltaría más.

Muy mal hemos hecho las cosas en España para que de un debate político lo que se recuerde fue el ataque de indecencia de Pedro Sánchez a Rajoy. O para que un joven sea incapaz de respetar al prójimo, sea político o no. Piense como piense.

No pasarán muchas horas para la creación de una plataforma cuya finalidad sea solicitar la libertad del agredido agresor, a quien las fuerzas represivas del Estado han cercenado su derecho de agredir a quien quiera. Faltaría más. Cuánta represión.