“Esperpento”

Si Valle-Inclán levantara la cabeza, exigiría al menos un título nobiliario, una pensión vitalicia y su nombre en calles y plazas de todas las ciudades. Cómo la clavó. Qué forma de anticiparse a la realidad casi cien años antes. A Don Ramón María se le considera el padre del ‘esperpento’ género literario de la primera década del siglo XX de infausto recuerdo. Para no iniciados, el ‘esperpento’ viene a ser una grotesca transformación de la realidad. O de lo que debería ser la realidad.

Un siglo después, el esperpento se ha hecho fuerte en España. Y no encuentro explicación convincente habida cuenta los bajos índices de lectura. Es decir, no se puede decir que la clase política española se haya convertido en masa al esperpentismo. Pero lo intenta día a día. Y cada día, con mayor ahinco.

Es esperpéntico que un partido, el Popular, esté acosado por la corrupción y no se haya producido una catarsis importante. No puede ser que todavía campen por sus respetos políticos populares con cargo público, sueldo alto y cierto nivel de mando desde hace décadas. Políticos que en los últimos tiempos protagonizan una burlesca representación de lo que debería ser la política.

Es grotesco pensar  que una región geográfica – comunidad autónoma en lo político constitucional – nombre a un ‘ministro’ de Asuntos Exteriores, el Tribunal Constitucional tumbe a ese supuesto e imaginario ministerio y no pase nada, porque ‘contigo empezó  todo’, expresión con la que se demuestra que un futbolista puede marcar el devenir futuro.

No salgo de mi asombro cuando un tal Pablo Iglesias –coleta para el vulgo populacho – se autoproclama vicepresidente con mando en todo y prácticamente deje al candidato real – mas que no lo parezca – a presidente como responsable de los vastos jardines de la Moncloa. Una circunstancia que podría describirse como anecdótica, sino es por el afán del tan esperpéntico individuo por controlar los auténticos resortes del poder. Miedo, que no risa, da.

Ni en los mejores momentos creativos de Valle-Inclán podría haber imaginado que el pez político chico humille públicamente al pez político más grande y con mucha historia. Y Pedro Sánchez sonríe. Y no pasa nada.

moncloa

Esperpéntico, pero muy esperpéntico, es que el partido que ha ganado las elecciones, no pueda gobernar. Pero está pasando, aunque tampoco pasa nada.

Valle-Inclán decía que el esperpento era una especie de deformación de la realidad consistente en buscar el lado cómico en lo trágico de la vida. Como si nos colocásemos delante de espejos de feria que nos provocan reacciones hilarantes.

La España de hoy no necesita espejos de feria. Se deforma sola, aunque no genera risa. Sólo pena, mucha pena.