Estelada estrellada; autoridades, también

 Tribuna Libre de José Antonio Hierrezuelo 

Hoy me he puesto futbolero. Me encantó saber que el Sevilla sería finalista de la Copa del Rey tras eliminar al Bilbao. No me gustó tanto que el Barça también se metiera en la final. Al menos, medio estadio no pitará al himno de España antes de que el balón comience rodar. Algo es algo. En estos últimos años he pasado vergüenza viendo la final de Copa.

Esteladas

Nunca he llegado a entender que los que se suponen reivindican no se sabe muy bien qué derecho lo hagan pisoteando mis símbolos, mi patria o mi himno. Jamás se me ocurriría ir a Cataluña o al País Vasco a silbar contra su himno o su bandera. No odio ni a vascos ni a catalanes. Pero buena parte de ellos, sí que nos odian. Odian España.

Tampoco he llegado a entender la laxitud de los poderes públicos ante las pitadas al himno en las últimas finales. Nadie parece responsable de que haya algún culpable. Da la sensación que desde sectores de los poderes públicos se prefiere mirar hacia otro lado desde la supuesta premisa que no siempre equipos vascos o catalanes serán finalistas de la Copa, cuyo partido cumbre se disputa sólo una vez al año.

Si a la primera pitada de la afición del Barça o del Bilbao se hubiese sancionado a ambos clubes con no participar durante varios años en la Copa del Rey, a buen seguro que nadie se plantearía que en la final de este año los aficionados barcelonistas pitarán, de nuevo, el himno. Ya lo decía Jarcha…. Palo largo y mano dura.

Ahora, la Delegación del Gobierno en Madrid ha anunciado que no dejará entrar a nadie en el Vicente Calderón, estadio donde se disputará la final, con banderas independentistas catalanas. Ya sabe, la estelada. Es decir, la bandera de Cataluña con una estrella. Luego, la bandera independentista es una insignia que está estrellada, como lo estarán los aficionados barcelonistas que acudan a la final con ella. La Policía y supongo que guardias de seguridad las decomisarán. Harán su trabajo. Pero estoy convencido que será un trabajo de riesgo por la tensión y tesón que los independentistas catalanes ponen a todo lo que hacen.

Igualmente estrellados resultarán las autoridades que han prohibido la entrada de esteladas al Vicente Calderón. Sencillamente, porque no conseguirán nada. Nada de nada. El año próximo, si el Barça, o el Mollerusa, se clasifican para la final, estaremos hablando de lo mismo y lamentándonos de que estos equipos no hayan sido apartados de la Copa del Rey, que es la Copa de España.

Si tan mosqueados, cabreados, airados, disgustados, enojados, malhumorados, irritados o indignados están contra España y contra todo lo que representa España, no sé cómo esos seguidores barcelonistas tan encrespados no se han presentado en manifestación multitudinaria ante el Camp Nou para exigir a la directiva del Barça exigiendo no volver a jugar la Copa de España. Pero no. No lo hacen. Saben que estrellarían su proyecto independentista porque hay más catalanes – y probablemente más catalanes barcelonistas – que quieren seguir en España.

Lo único bueno de la prohibición de las esteladas en la final de la Copa es que habrá más sitio en el Palco. Carles Puigdemont, el deshonorable presidente de la generalidad de Cataluña, ha anunciado que no asistirá al partido. A ver si me invitan a mí en su lugar, aunque lo dudo.