Corrida triunfal y triunfalista en Ubrique

Padilla, El Fandi y Galván salen a hombros en la ciudad del cuero

Plaza de toros de Ubrique (Cádiz), 16 de septiembre de 2016. Corrida organizada por la empresa Campo Bravo con motivo de la Feria y Fiestas de la localidad. Cielo azul sin nubes ni viento y con temperatura agradable. Casi lleno en los tendidos. Ameniza la Banda Municipal. No hay, por suerte, fotógrafos en el ruedo a la hora del paseíllo.

Se lidiaron toros de Núñez de Tarifa (antes Benjumea), en sustitución del hierro anunciado de Jaralta, en general bien presentados. No sacan la tablilla del peso. Fueron aplaudidos en el arrastre primero, tercero y quinto; fue pitado el cuarto.

Juan José Padilla: honda caída recibiendo y honda arriba algo trasera; oreja. Entera arriba de volapié en corto; oreja.

David Fandila El Fandi: entera algo trasera que basta; dos orejas. Entera en lo alto; dos orejas

David Galván: pinchazo y entera desprendida; dos orejas. Pinchazo, entera y descabello; dos orejas.

Incidencias: el paseíllo arrancó con retraso. El banderillero local Miguel Ángel Sánchez se desmonteró tras el tercio de banderillas en el tercer toro. Los tres espadas salieron a hombros por la puerta grande.

En su magnífico entorno serrano, la plaza de Ubrique presentaba un aspecto brillante y las montañas parecían querer asomarse a ver el espectáculo sobre la arena. La buena gente de la ciudad del cuero estaba de fiestas y quería pasárselo bien. Los toreros lo tenían todo a su favor. Los cronistas del evento, también, gracias al buen hacer del gabinete de prensa dispuesto por los organizadores.

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Padilla, de verde botella y oro, en su primero, bien presentado y suelto de salida, estuvo variado con el capote, incluyendo chicuelinas al caballo; la pelea y la puya fueron buenas pero al salir ¡ay! cae; de los tres pares del maestro, el mejor fue el tercero, de dentro a fuera; tras brindis al público y a lo alto, el inicio de faena fue de rodillas con ocho muletazos seguidos y aguantando una colada, para pasar rápidamente a la izquierda en dos tandas; por la derecha blandea y se quiere ir; otra vez por la izquierda, para la alegría del público, con rodillazos y desplante.

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A su segundo, sospechosamente astillado de las dos puntas y muy remolón para salir de toriles, el recibo fue de circunstancia pues se quiere ir cuando acaba de llegar; en el caballo, después de una tardanza, hay puya barrenera que termina de quitar los pocos ánimos que el animal tiene; con los palos Juan lo pone todo, incluso el cite de rodillas, pues el bicho no colabora, parece que no ve por el ojo derecho y se naja en cuanto puede; con la franela no hay nada, más que inicio en el estribo y unos pases por alto, porque va y se echa no una sino dos veces; la estocada tuvo que ser rápìda y ahí sí hubo suerte.

toros-mira-comunicacion-marciano-brena-5El Fandi, de azul purísima y oro, en su primero, también con presencia, vimos lances avanzando mezclados con chicuelinas y larga de mano baja (pase sin sustancia); tras buena pelea y puyazo bien cogido hubo quite por más chicuelinas; la locura llegó en el pareo, con moviola y violín antes de jugar con el toro a lo largo de plaza y media para que el público, feliz, cantara ¡qué bonito, qué bonito!; con brindis al público, el inicio fue por bajo y luego vinieron series desabridas y poco asentadas por ambos lados, destacando sólo una a derechas, bien hilvanada.

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A su segundo, colorado y bien presentado, lo recibió espectacularmente con dos cambiadas de rodillas, buenas verónicas y media de mano baja; al caballo fue, por chicuelinas con revolera que son aplaudidas, para una puya también aplaudida, seguida de quite por lopecinas, chicuelina y media (comprenderán que el toro ya había perdido la mitad de sus fuerzas); tardeando, las banderillas fandistas se resolvieron con cuarteo, uno de dentro a fuera para tomar el olivo y violín; la faena se inició en los medios, siguió con muchos cambios de mano y con pases sacándolo para afuera, hasta terminar con cercanías y desplante.

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Galván, de sangre de toro y oro, en su primero, algo veleto, hubo saludo largo y mixto; las dos puyas se pusieron en el caballo de puerta antes de un precioso quite por tafalleras con cite de espaldas; tras el  mejor tercio de banderillas de la tarde, la faena, después de brindar al público, se inició por bajo y siguió con tres grandes tandas en los medios; con la zurda siguió el toreo grande, aguantando paradas, hasta llegar a circulares y rajarse, finalizando con bernadinas arriesgadas y gran trinchera.

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A su segundo, el más anovillado de la suelta y abanto, sólo pudo lancearlo de aliño; en el caballo no vimos gran cosa pero el quite con chicuelinas de manos bajas y revolera si fue vistoso (aunque a caballo encerrado, mala moda); después de un par y medio de palos, brindó a su peón ubriqueño con largo parlamento y empezó por doblones elegantes para seguir con toreo en redondo muy asentado, aguantando parones tremendos y terminando, antes de la rajada, con desplante sin muleta que hizo al público gritar “torero, torero” y aplaudir por bulerías.

Era de noche cuando terminó la corrida y todos salían tan contentos, triunfales y triunfalistas, dispuestos, después de tantas orejas, a seguir la fiesta en las casetas, que para eso estamos de feria.