Coraje viene de cor

Es mantener los valores de la convivencia, respeto y educación en un marco social donde las agresiones parecen estar de moda

 Artículo de Opinión de Marga Segura 

Decía la escritora Anaïs Nin que la vida se contrae y expande, en proporción directa a nuestro coraje. Quizás la dicotomía se produce desde la primera lucha en la que participamos, junto con nuestra madre, en la puja instintiva por ver la luz, por nacer, por la vida.

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Y desde el minuto uno que aterrizamos en el albedrío, nos vemos obligados a provocar ese movimiento de contracción-expansión, en paralelo al funcionamiento de nuestro órgano motor.

En ese vaivén nos vamos adaptando, a veces como gusanos, otras como las mareas de agosto, en ocasiones con dolor, por momentos con angustia, con suerte, con placer y muchas con satisfacción.

Así, nos contraemos, asustados y advenedizos, en el caos del sinvivir, dejándonos llevar por olas dominantes con la esperanza que nos arrojen en la orilla y no nos engullan, implorando a la misericordia, si hace falta, suplicando, rogando, regodeándonos en la indefensión. Es la contracción.

En cambio, nos expandimos con ilusión, motivación, sueños, perspectivas, expectativas. Cogemos la vida con pellizco, ímpetu, sabor y color, surfeando las olas amenazadoras, salvando la corriente, domesticándolas. En expansión.

Expansión o contracción. Riesgo o miedo. Vivir o sobrevivir. Y en esa bifurcación, resplandece el luminoso que indica la dirección hacia el coraje. Lo tomas o lo dejas.

Coraje viene del corazón (cor, en latín), sinónimo de tener valor, de echar el corazón por delante. El motor de la expansión en el caos, la confusión, el desorden, la entropía.

Coraje es mantener los valores de la convivencia, del respeto, de la educación, en un marco social donde el insulto y las agresiones físicas y psicológicas parecen estar de moda. Coraje es ser fiel a uno mismo y a las enseñanzas de nuestros mayores. Coraje es estar despierto para poder captar y aprender y crecer.

Coraje es enfrentarse a lo que nos viene dado en un cuarto de aislamiento, en un quirófano o al lado de un ser querido que sufre. Coraje es afrontar el padecimiento, la dolencia, el mal…, el miedo, y seguir latiendo.

Echar el corazón por delante es superar los fracasos, asimilarlos y abandonarlos sin compasión. Coraje es superar la pasión por amor, porque para amar también hay que tener coraje.

Coraje es sacar a tu familia adelante y, a veces, poder levantarte de la cama. Coraje es plantarse ante el acoso, denunciar el maltrato de esa mujer o de un compañero del colegio. Coraje es compartir, ayudar y dar la mano. Coraje tiene el ciego que, en la calle Sevilla, recoge las cacas de su perro guía, dejando mudos a los incívicos que deben tener ciática.

Coraje es averiguar cómo se llaman nuestros fantasmas y tutearlos. Emprender y hacer realidad tus sueños. Llegar a fin de mes. Sobrevivir a las ausencias permanentes. Coraje es defender y proteger.

Y también es lo que hay que tener para aguantar los desprecios de los déspotas que se han estrenado en el Congreso, dinamitando los valores de una historia democrática que costó sangre, sudor y lágrimas en un ejemplo inigualable de coraje y consenso.

Expansión en el caos. Contracción en el caos. Corazón en el caos.

Y sólo nos queda la vida por delante. Es lo que hay.