“El móvil es una droga para los niños”

Emilio Calatayud reivindica que España necesita con urgencia un Pacto por el Menor

  • El juez de menores ofreció una conferencia que llenó ayer el pabellón de El Centro Inglés de El Puerto
  • El juez afirma que hoy en día los padres están ‘encogíos’: “Hemos pasado de ser esclavos de nuestros padres a esclavos de nuestros hijos”

Dos horas con todos los sentidos puestos en lo que decía el juez. Gestos de asombro, de preocupación -incluso de miedo a veces-, de asentir con la cabeza, de identificarse con sus opiniones, muchos aplausos y muchas risas. Todo esto es lo que provocó ayer el juez de menores de Granada Emilio Calatayud, durante una conferencia ante un público absorto que abarrotó el pabellón de deportes del colegio portuense El Centro Inglés, además de plantear temas para la reflexión que cada asistente se llevó a su casa como un presente, en torno a la educación de los hijos y a la situación de los menores en una sociedad que protagoniza cambios vertiginosos, en sintonía con el desarrollo tecnológico.Emilio Calatayud

El juez habló claro, sin pelos en la lengua, afirmando por ejemplo que “el móvil es una droga” o llamando la atención a los políticos: “Llevo años pidiendo un Pacto por el Menor”, porque en España han cambiado muchos comportamientos y se ha hecho a la tremenda, sin término medio: “Hay que tener en cuenta los derechos, pero también los deberes del menor”.

Y en este sentido manifestó que “hemos pasado de ser esclavos de nuestros padres a esclavos de nuestros hijos”, haciendo referencia además al decálogo para hacer de tu hijo un tirano o un delincuente, en el que Calatayud, con grandes dosis de ironía, refleja los grandes errores que están cometiendo los padres de hoy, “que no saben decir no a sus hijos”, asumiendo un rol de colega que dista mucho de una figura de autoridad que es fundamental para la educación de un niño.

Y fruto de esa displicencia, de no ejercer la autoridad, el juez destacó el notable aumento de casos de maltrato a los padres, “un típico delito que se está produciendo en familias de clase media media-alta”, y apuntó que en estos casos de maltrato de un menor hacia sus progenitores “no es sólo cosa de niños, en los últimos años se han visto incrementado el maltrato por parte de las hijas”. En estos momentos, la estadística señala que un 60 por ciento de los hijos maltratadores son niños, frente al 40 por ciento de niñas”.

“Se ha perdido el principio de autoridad”, dijo el juez, con el agravante de que ha desaparecido también de las leyes, ya que según mencionó, el gobierno de Zapatero suprimió el último punto del artículo 154 del código civil por el que se podía aplicar medidas correctoras proporcionadas, así se pasó de corregir moderadamente las actitudes de los hijos a que los padres deben educar a sus hijos sin interferir. “Y ahora los padres están ‘encogíos”.

Sobre este asunto, Calatayud profundizó afirmando que todos los que tienen hijos menores son “población de riesgo” y esto ha pasado porque no ha interesado trasmitir el Artículo 155 del Código Civil, “que habría que tenerlo siempre colgado en la nevera”, ya que a los menores “hay que informarles también de los deberes, no sólo de los derechos”.

“Yo un día le dije a mi padre que no quería sopa –contó-, me la puso para merendar, para cenar…, me dio un coscorrón y me tomé la sopa. Ahora parece que hay que dialogar y comprender y hacer que los hijos entiendan que se deben tomar la sopa. No se la toman y encima después le hacemos patatas con filetes para que no pasen hambre”. Y puntualizó que “no se trata de pegar”, aclaró para evitar malos entendidos.

Expuso el juez otro caso en relación a la autoridad y al derecho de corrección, y es que la falta de un término medio es en lo que más enfatiza: “¿Cómo haces para hacer que un niño de tres años no meta un dedo en el enchufe? Como le digas, cariño, no metas tus dedos en el enchufe porque puede crear un cortocircuito en todo el sistema y poner en riesgo tu propia vida, el niño está ya más que electrocutado”.

Asimismo, Emilio Calatayud comentó que, curiosamente, la crisis ha provocado el descenso de la delincuencia juvenil, “está bajando porque ahora los padres están más en casa, hay menos recursos, y eso está haciendo que se vuelva a decir no”, así como la crisis ha hecho que los menores vuelvan a la escuela, “lo pasamos mal en 2004 y 2005 con bombas de relojería de 16 años ganando más de 1.500 euros en la obra”, recordó.

Adicciones

El juez de menores centró buena parte de su conferencia en el aumento de las adicciones en los menores. Y en este sentido alertó del peligro que supone para un niño tener un teléfono móvil. Respecto a esto fue muy claro: “El móvil es una droga”, y volvió a insistir en que el país necesita del Pacto del Menor, que contemple esta nueva realidad social.

“El móvil ya es una droga para los menores y genera verdaderos síndromes de abstinencia”, haciendo hincapié además en que los niños no solo pueden engancharse, sino que a través del móvil pueden llegar a cometer graves delitos, ya que “el móvil es un instrumento idóneo para cometer delitos como acosos, amenazas, injurias contra el honor y la intimidad”.

Ante esta realidad, Calatayud  recomendó a los padres que no compren ‘smartphone’ a sus hijos al menos hasta que cumplan los 14 años y recalcó que en la actualidad no hay castigo más efectivo para que un niño modifique su conducta que quitarle el móvil.

El juez también llamó la atención sobre el consumo de alcohol en menores, que no deja de crecer, con todos los riesgos que esto supone, al ser “la puerta de la drogadicción”, mostrándose contrario a los ‘botellódromos’ y a permitir el consumo de alcohol en la calle, porque está prohibido.

Y si aumenta el consumo de alcohol entre los niños y jóvenes, algo similar vuelve a ocurrir con la marihuana y el hachís. “Parece que hemos vuelto a mayo del 68 con respecto al consumo de marihuana cuando fumarse un porro era de intelectuales. Yo siempre digo que cuando entré de juez, en el 80, un drogata no duraba 15 años porque era la época de la heroína y morían por el Sida. Ahora no mueren, pero como empiezan a muy temprana edad, a los 19 años hay muchos jóvenes tienen problemas mentales”.

Por último, Calatayud volvió a pedir un pacto por el menor “porque tanto los padres, la escuela, los políticos, la sociedad y los medios de comunicación están implicados en la educación de los niños”.