“No es no”

el cada vez menos líder del PSOE, Pedro Sánchez, y candidato a no se sabe muy bien qué – el muchacho dice que a presidente del Gobierno – es el nuevo máximo representante del movimiento negacionista. Algún avispado lector me dirá que el negacionismo no es rechazar una y otra vez un pacto con el Partido Popular para formar un ejecutivo estable. El negacionismo es, básicamente, negar la historia.

Hay negacionistas que niegan el Holocausto judío. Otros niegan que el hombre haya pisado la luna. Incluso algunos creen que son falsas todas las teorías sobre el contagio del virus del sida. Por negar, determinados negacionistas niegan la muerte de Elvis. Cada loco con su tema, que diría cualquier hijo de vecino.

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Parece que Pedro Sánchez ‘El Breve’ está dando síntomas de algún mal de tipo neurológico degenerativo. Estar, está más que nervioso. Si la jugada que trae entre manos, no tiene futuro político, el suyo es imposible. Se acuerda de detalles de pasado, pero niega la historia más reciente.

El PP ganó las elecciones generales del 20 de diciembre, pero el socialista no se da por aludido. No se entera. No reconoce los resultados. No rectifica su epitafio de la noche electoral en la que aseguró que ‘hemos hecho historia’. No tiene los arrestos necesarios para reconocer que con él, el PSOE ha logrado el peor resultado de la historia. No escucha a sus barones, que no quieren pactar bajo ningún sentido con Podemos. Tampoco se acuerda Pedro Sánchez que un día dijo que no pactaría con populistas, es decir, con el partido de Pablo Iglesias, sus marcas territoriales o franquicias locales. Y pactó. Y, lo peor es que no le da vergüenza reconocerlo.

Pedro Sánchez es el ‘No’ hecho persona. Y, de hecho, su gran contribución al escenario político postelectoral ha sido el ya mítico y probablemente por siempre recordado ‘No es no’, pronunciada como fórmula para negar y negarse a un posible pacto o gran coalición de gobierno junto a PP y Ciudadanos. ‘No es no’. Pero, ¿es un ‘no’ rotundo, o es un ‘no’ mediático? ¿Es un ‘no’ para agradar a los que le tendrían que dar el sí para que pueda continuar su carrera política? ¿Es un ‘no’ convencido?

Con igual convencimiento dijo aquello de pactos con Podemos. Fíjense el valor del ‘no’, o lo que es lo mismo, de la palabra de Pedro Sánchez. En plena campaña señaló que el PSOE sólo necesitaba un voto más que el PP para gobernar. En las urnas el PP le sacó al PSOE casi un millón novecientos mil votos. Y el todavía, a día de hoy, secretario general socialista, no se entera. O no se quiere enterar. Querer ser presidente del gobierno por batiburrillos de despachos sin ganar unas elecciones sólo tiene un nombre. Desvergüenza política. Aunque para ello, hay que tenerla. Y Pedro Sánchez no la tiene.

Favorecer en el Senado de España a los nacionalistas catalanes que quieren romper España es de no tenerla ni mucho menos conocerla. El socialista debería saber que no se puede ser presidente del Gobierno a cualquier precio, porque lo terminamos pagando todos. Votantes del PSOE incluidos. Y, además, debería saber que somos muchos más los que le decimos que ‘No es no’ a la política errática presente y futura de Pedro Sánchez.