“Bailemos”  

Experiencia tras los atentados yihadistas en Francia de la escritora Sara Herrera, una jerezana en el centro de París

La cultura seguirá brillando y encendiendo la luz de la esperanza”, así llamaban personalidades de la Cultura en Francia como Charles Aznavour o Jack Lang, presidente del Instituto del Mundo Árabe, al pueblo francés el pasado jueves, para encender velas y llenar las terrazas de los bares y brasseries de todo el país ayer, viernes 21 de noviembre a las 21:20 horas, una semana después de la barbarie.

velas Paris

Y así hicimos: encendimos velas, bebimos vino y cantamos y bailamos La vie en rose, porque es la libertad lo que quieren quitarnos y para las armas tenemos la vida.  La vida delante de los bárbaros y asesinos. La vida a pesar del ejército en nuestras calles. La vida a pesar del cielo contaminado con el miedo. La vida a pesar del niño que hace preguntas y la madre no sabe muy bien cómo responder. La vida a pesar de esta guerra moderna que nos ha tocado vivir. Esta guerra en la que, no nos olvidemos, no sólo los malos son los únicos malos y no sólo el que aprieta el gatillo o se inmola con un chaleco es el asesino, sino también el dinero que lo alimenta.

En el barrio 11 de París hemos seguido escuchando las sirenas de la policía durante toda la semana. Las pesadillas nos hablan de los amigos que fueron heridos y de las escenas que las cadenas de televisión y los periódicos no nos han dejado de enseñar. En las redes sociales, mientras, nos hemos sentido culpables porque hemos hablado más de los muertos de París que de todos los muertos diarios del mundo. En el corazón estos días hemos hecho otro hueco para todos los civiles que han muerto, van a seguir muriendo, bajos las bombas que responden ahora, que ya llegaban antes. En la vida diaria es inadmisible no reaccionar al ver cómo algunos tienen dificultades o llegan a ser agredidos por sus rasgos físicos, su religión, su fe.

Tristes tiempos, estos, bien distintos a los tiempos de los que me hablaron mis abuelos, ellos que corrieron al escuchar la guerra, en todos sus ruidos posibles, ellos que despidieron a sus hermanos en el exilio. Tristes tiempos, no tan distintos, en realidad, a los de ellos, porque las guerras tuvieron siempre los mismos muertos.

Bailemos, pues, que el baile no cese ante todos los que quieren quitarnos un pedazo de libertad o imponernos el miedo. Bailemos, enseñemos a nuestros hijos a bailar. Cojamos de la mano a nuestros mayores para que bailen con nosotros, enseñemos a los jóvenes a bailar, a todos esos jóvenes, también, que, perdidos, tan tristemente perdidos, terminan entrenándose con un arma en las manos a los veinte años porque nunca tuvieron una educación, una familia, una sociedad, que pudiera salvarlos.

Sara Herrera, París
Sara Herrera, París

[Contra este mundo]

 

Pues más allá de nuestro sueño

las palabras, que no nos pertenecen,

se asocian como nubes

que un día el viento precipita

sobre la tierra

para cambiar, no inútilmente, el mundo.

 

José Ángel Valente

De qué sirve un país muerto de tristeza,

un pájaro queriendo volar en una jaula,

tener apego a algo

que mañana no tendremos.

 

De qué sirve la flor oscura, el poema,

la madeja deshecha,

un lugar en el mundo

cuando ya no es tu casa.

 

Hay días como puñales

en que los habitantes se hartan del miedo

y del fondo frío y fragmentado

de esta ciudad que nos retiene.

 

No sirve de nada.

En tiempos de horror y abatimiento

reclamo la alegría

como arma y sostén

contra este mundo.

 

Poema inédito, Sara Herrera