Historia del Indalo almeriense

Esta imagen es el símbolo más antiguo de Andalucía, junto a la estrella tartésica o de ocho puntas

La figura que denominamos Indalo fue descubierta en 1868 por el almeriense Antonio Góngora y Martínez en la Cueva de Los Letreros en Vélez-Blanco, al norte de la provincia de Almería.

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La pintura llevaba más de 4.000 años en aquella cueva. Aunque bien es verdad, que los habitantes de Mojácar lo han representado en las fachadas o en las puertas de sus casas, ya que, para ellos, era portador de buena suerte.

Los arqueólogos han descubierto que el Indalo era la representación de un dios prehistórico de una ciudad monoteísta, que sujeta el Arco Iris con los brazos abiertos, el primer pacto del Dios con el hombre y seguridad contra posibles diluvios, por ejemplo, o contra las tormentas y rayos.

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Para las gentes de Mojácar señalan que preserva del ‘mal de ojo’, el rayo e infinitos males. Realmente su uso se ha basado en la protección de lugares y personas.

Su nombre significa fortaleza y protección; por ello los pescadores lo pintaban en las fachadas de sus casas antes de salir a la mar, con la finalidad de cuidarse de las tempestades y garantizar una gran pesca.