La Bomba de la campaña

A unas cuantas horas de que los españoles hablemos también en las urnas, todo está decidido, según la ciencia de los estudios electorales. Aunque dicha ciencia, como ciencia que es, puede fallar. No suele acertar ni afinar con los porcentajes. Pero no se equivocar con las tendencias. Ni con el ganador. Ni con los perdedores.

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El domingo el Partido Popular volverá a ganar las elecciones. Y los perdedores volverán a ser los mismos que el 20 de diciembre. Es decir, PSOE, Podemos y Ciudadanos. Aunque es de esperar que todos se sientan ganadores. Como olvidar el ridículo protagonizado por Pedro Sánchez la noche del 20-D cuando, impostado en la euforia, proclamaba que su partido, el PSOE, había hecho historia. No mintió. Sólo que obtuvo el peor resultado de la historia.

Se supone que aún quedan indecisos, según los de la ciencia electoral. Yo más bien creo que el indeciso es un abstencionista que no sabe si abstenerse de un partido, de otro o de todos. No obstante, las estrategias de última hora intentan como sea sacudir a este país de tal forma que los indecisos sean decisivos y que algunos comprometidos declarados duden de su elección y cambien de papeleta.

Prueba de ello es la filtración de las grabaciones al ministro del Interior. Grabaciones, que seguro estoy, refuerzan al PP. Porque cualquier español de derechas, de izquierdas o del Real Betis desea que el efecto del palo largo y mano dura caiga sobre los que quieren romper España. Pero como estamos en plena campaña, ruido mediático.

Recuerdo una noche tensa en la redacción de un periódico. Noche en la que Garzón, el juez, decidió mandar a prisión a Vera y Barrionuevo por los GAL. Un compañero periodista dijo, en plena vorágine de la segunda edición: ‘Felipe González va a caer por lo único en lo que estamos de acuerdo la mayoría de españoles’. Y terminó perdiendo las siguientes elecciones.

No me parece grave lo que se puede oír en las conversaciones. Lo que me parece realmente grave es que haya alguien que, impunemente, pueda grabar una conversación del ministro en la intimidad de su despacho y luego la difunda con un claro interés político. Si al ministro le hacen eso, qué nos pueden hacer a nosotros.

Ha sido un intento de soltar una bomba a días de unas elecciones generales. En marzo de 2004 no fue una bomba, sino varias, las que alteraron el resultado de las elecciones y movieron las conciencias de todos los españoles. Doscientos muertos duelen mucho.

Y aunque la Justicia haya dicho que los atentados de los trenes fueron obra de fundamentalistas árabes – no está claro que fueran de Al Qaeda y entonces el Estado Islámico no existía – siempre he mantenido y mantengo que fueron ataques terroristas premeditados desde la óptica política para desestabilizar el país y provocar un cambio en el voto de la mayoría de los españoles. Afirmar esto siempre me ha causado críticas. Muchas críticas.

La ciencia política daba por seguro el triunfo del Partido Popular con mayoría absoluta. Terminó ganando el PSOE. Los sondeos no contemplaban la posibilidad de los doscientos asesinados.

Afortunadamente, esta bomba política sólo podrá dejar en el camino algún que otro cadáver político. Sin embargo, si el Partido Popular ganas las elecciones y, cosa más difícil, puede gobernar, sólo espero que el ministro del Interior – este o el que venga – lo primero que haga sea una limpieza a fondo en su Ministerio. Desde el encargado de revisar la seguridad en su despacho, hasta el último miembro de la cúpula policial. Interior debe garantizar la seguridad de todos los españoles. Y que nuestras conversaciones puedan ser grabadas por capricho genera mucha inseguridad.