Un delegado de Economía ¿cicatero?

Galván, que cobra 8 millones de las antiguas pesetas, pasa 20 euros de gasto de un viaje en un Ayuntamiento arruinado

Parece ser que el nuevo Gobierno aún no está muy concienciado de la deuda de más de mil millones de euros del Ayuntamiento de Jerez o eso es, al menos, lo que uno puede pensar al ver determinados gastos aprobados en la Junta de Gobierno Local, más aún, cuando es el propio delegado de Economía, Santiago Galván, el que no tiene reparos en pasar un gasto de 20 euros de un viaje.

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Al ver en el orden del día la aprobación de tan insignificante cantidad, no deja de  sorprender que un delegado, con un sueldo de casi ocho millones de las antiguas pesetas, no perdone ni un euro al Ayuntamiento en el ejercicio de su gestión.

Según el diccionario, y sin ánimo de querer ofender, la palabra cicatero “se aplica a la persona que escatima lo que da o lo que gasta”. Por eso, aunque este término pueda sonar fuerte, simplemente alude a una persona que mira al máximo por su bolsillo.

Quizás, no estaría mal poder aplicar este término a un Gobierno que actúe de forma cicatera a la inversa, mirando cada euro que se gasta de los jerezanos como si fuera de su propio bolsillo. Pero no se trata de juzgar a nadie ni de criticar, pues pasar una dieta de un viaje no es algo ilegal, sino solo de contar un asunto que ha llamado la atención de este medio y ha recordado a los años en los que miembros y asesores del Gobierno de Pilar Sánchez pasaban hasta el café del desayuno en bares cercanos al Ayuntamiento.

Esta vez ha sido el delegado de Economía el que ha solicitado a la Junta de Gobierno Local (JGL)  que le aprueben un gasto de 20 euros para un viaje. Y sus compañeros de la Junta le han dado el visto bueno. Ellos sabrán lo que hacen y ellos son los que tendrán que dar las explicaciones a los jerezanos de un detalle un tanto cutre.

Seguro que el delegado tendrá derecho a cobrarlo, cosa que no se pone en duda en este artículo de opinión, pero lo que no resulta muy estético, en un Ayuntamiento endeudado de por vida por el despilfarro de los años de bonanza, con dos de sus ex alcaldes en prisión e inmerso en un Plan de Ajuste, es pasar un gasto asumible con un sueldo muy digno para hacerle frente, precisamente por lo ridículo del mismo si se tiene en cuenta el salario del concejal.

Al final la conclusión de este editorial es que mientras los propios miembros del Gobierno no se conciencien de que el Ayuntamiento de Jerez no da para más y, aunque sea justo pagar dietas, la situación en la que se encuentra obliga a arrimar el hombro y, esos pequeños gastos, cuando se tiene un sueldo en condiciones, ahorrárselo a los jerezanos, que seguro lo agradecerán.

Al final se trata de mirar el bolsillo de los jerezanos como  el delegado de Economía mira el suyo. Ser cicatero, pero a la inversa… Los jerezanos lo aplaudirán.