Luto y lucha

La violencia contra las mujeres es una violación de los derechos humanos

Caos y violencia son primas hermanas. Una se alimenta de la otra, sin contemplaciones, vampíricamente… Y la otra de la una. Caníbales sin fin.

La confusión, el desorden, el miedo o la incertidumbre son el caldo de cultivo de acciones y actitudes que muestran la ferocidad del ser humano, racionalidad contaminada con el veneno de la ira, mutada a ceguera sentimental y condimentada muchas veces con ‘tips’ de escenas aprendidas que brotan del subsuelo de la conciencia.

Hoy es 25 de noviembre y no es un día para celebrar. Se trata de una fecha marcada en el calendario con negro. Es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que tiene su origen en 1981, por la fecha en la que fueron asesinadas las hermanas Mirabal en República Dominicana. Más de diez años después, en 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Allí se definió que la violencia hacia la mujer era “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”.

Fue en 1999, cuando la jornada de reivindicación fue asumida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 54/134 el 17 de diciembre de 1999, invitando a gobiernos, organizaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales a convocar actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública sobre el problema de la violencia contra la mujer.

Desde los orígenes de este movimiento reivindicativo hasta ahora, mucho o poco se ha logrado. Mucho porque gracias a la concienciación y a la lucha asumida, se han evitado situaciones de maltrato y se han motivado miles de denuncias que antes sólo eran lloradas en la intimidad. Y poco

porque, en lo que va de año en España, 40 mujeres han sido asesinadas por sus parejas.

Por desgracia, cada 25N está teñido de luto. No es, como decía, un día para celebrar nada, pero sí que es una buena ocasión para gritar, para poner en valor, para concienciar, para seguir tomando medidas y mejorando los recursos y armas en la tarea de erradicación de la violencia de género. Un dato demoledor: una de cada tres mujeres mayores de 15 años ha experimentado alguna vez violencia sexual o física.

Mucho seguirá siendo poco. Porque en las paredes de la intimidad, las sombras de la ira se hacen gigantes, atemorizan y paralizan. Anulan. E introducir una mano de ayuda en ese escenario es tremendamente difícil, cuando es precisamente una mano o un puño, un cabezazo, un insulto, un golpe… lo único que alumbra en la autovía del maltrato, deslumbrando a las víctimas, inmóviles, atropelladas.

Mucho seguirá siendo poco. Porque en España 866 mujeres han muerto en los últimos trece años víctimas de la violencia de género. El último caso, este jueves cuando un hombre degolló a su pareja en Fuenlabrada, Madrid. También en Jerez se nos han ido mujeres de esa macabra manera. Juana, Miriam, Raquel, Pilar… Vidas arrebatadas y familias destrozadas.

Por ellas, por ello, el 25N mostramos nuestra fuerza como una sociedad unida frente a la violencia machista. Sigue habiendo muertes, por lo que hay que seguir alzando la voz y tomando más medidas en la lucha. De momento, el pasado día 15, el Congreso aprobó, por unanimidad, poner en marcha un Pacto contra la Violencia de Género, con el objetivo de modificar la ley para incluir toda forma de violencia contra la mujer. Un paso más.

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El caos y la violencia se combaten también con raciocinio, con coraje (de cor), educación y valores. Y respeto, ese concepto que se está desvirtuando en nombre de los súperyo y que se encuentra gravemente amenazado por aquellos que creen tener más derechos que los propios derechos humanos. Reflexión y acción, hoy, 25N. Y sigamos plantándole cara al caos que, de momento, sólo nos queda la vida por delante.

“La violencia contra las mujeres y las niñas es una violación de los derechos humanos, una pandemia de salud pública y un grave obstáculo para el desarrollo sostenible. […] Sale muy cara a las familias, las comunidades y las economías. […] El mundo no se puede permitir pagar ese precio”. — Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU.