[email protected] contra la Violencia de Género

“Me habló de cómo perdió a su amiga, su vecina. Su compañera de vida había sido asesinada por su marido”

 Tribuna libre de Silvia Rodríguez, Vicesecretaria de NNGG Jerez 

Permanece intacta en mi memoria el recuerdo de las apacibles tardes que pasaba junto a mi abuela. En aquellos encuentros familiares en los que, rara vez, no me narraba algunas de sus batallitas respecto a su niñez y juventud. Lo contaba con emoción y con la alegría de saber que alguien la escuchaba. Entre sus mil historias pude apreciar la gran diferencia de mi vida con la que había sido la suya; el papel que jugaba la mujer en su época frente al papel que yo jugaba en mi vida cotidiana. Ella fue feliz, pero estoy segura de que la vida que ella disfrutó no hubiese sido la que ella hubiera deseado para mi. Mi abuela era una mujer de altas metas, quiso hacer de todo, pero la sociedad imperante de aquellos años se lo negó.

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En una de aquellas tardes, mi abuela decidió confesarme lo que nunca jamás hizo. Me habló de cómo perdió a su amiga, su vecina. Su compañera de vida había sido asesinada por su marido. Era tan solo una victima más de la violencia de género, una de las muchas que habían sido calladas tan solo por el hecho de ser mujer, una más que había sido maltratada por su cónyuge pero esta vez con el trágico desenlace de su muerte.

Casi con lagrimas en los ojos, mi abuela se preguntaba una vez más si ella pudo hacer algo para evitarlo. Con resentimiento y angustia me imploraba que no dejara que hicieran conmigo lo que habían hecho con ella.

Esto fue lo que me narró mi abuela, pero, ¿Qué te gustaría poder contarles a tus hijos? ¿Qué le contarás a tus sobrinos y nietos?

La situación ha avanzado mucho, el papel de la mujer ha ido avanzando. El feminismo ha contribuido en parte a ese proceso, produciéndose una serie de cambios políticos y económicos de gran importancia. Gracias a la lucha de miles de mujeres, que dieron la vida a causa de la igualdad, las mujeres occidentales podemos gozar de lo que se nos negaba en antaño. Podemos votar y participar en la vida política, accedemos a la educación, muchas estudiamos en la universidad. Tenemos la potestad de abrir una cuenta bancaria propia, montar nuestra empresa, viajar con libertad. Ya no somos propiedad de un padre o un marido.

No obstante, pese a los avances, la lucha no ha terminado. No ha finalizado, porque, aunque medio siglo me separen de mi abuela, hay cosas que por desgracia no han cambiado.

No resulta raro ver al inicio del telediario un nuevo caso de violencia de género. Ya no solo es el daño físico al que está sometida la mujer maltratada, sino, también al maltrato psicológico, la difusión del miedo al querer denunciar, a enfrentarse con su agresor. Niños que sufren y que se crían en la violencia y en el horror. Nunca serán suficientes las ayudas económicas si no se produce una verdadera concienciación de la sociedad. Si nos callamos, estamos fortaleciendo al maltratador. Tiene que ser la educación la herramienta esencial para instruir a niños y niñas en la igualdad. No enseñemos a los hombres a controlar y a las mujeres a ser controladas. No le enseñes a tu hija que no debe andar sola por la calle a oscuras, enseña a tu hijo a no acosarla por el simple hecho de ser mujer. No le digas a tu hija que no puede vestirse de tal manera porque provoca a los demás, demuéstrale que cada uno es libre de decidir su vestimenta y que ésta no puede ser un pretexto para intimidarla o acosarla. La violencia de género no la vamos a cambiar solamente nosotras, tenemos que erradicarla todos, tanto hombres como mujeres.

Y espero, que esto no sea una utopía, que no sea un sueño inalcanzable. Hoy, 25 de noviembre, día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, sueño y quiero poder contarles a mis hijos, nietos o sobrinos que yo viví en libertad, que pude desarrollarme como la mujer que quise ser y no como la que me impusieron que fuera. Hoy me gustaría poder decirle a mi abuela, que no harán conmigo lo mismo que hicieron con su amiga.