“El precio de España”

Tribuna libre de Manuel Jesús Granado Gago

A pesar de que Pedro Sánchez afirmaba por activa y por pasiva que el cambio no vendría por la derecha ni tampoco de la suma de las derechas. A pesar de que Albert Rivera afirmaba por activa y por pasiva que si no ganaban no iban a investir ni a Sánchez, ni a Rajoy, sino que se iban a quedar en la oposición. A pesar de que Ciudadanos firmó un pacto para formar la Mesa del Congreso en el que defendían que el Presidente del Congreso (por ahora, Patxi López) no podría ser del mismo color político que el Presidente del Gobierno. A pesar, a pesar… a pesar de todo, nada de esto era verdad y ha habido pacto.

Pero… qué rápido y a qué poco precio se ha vendido, el que vanidosamente afirma que va a hacer una segunda transición, al partido que hasta hace unos días negociaba con los que quieren romper España por los cuatro costados. Qué poco le ha exigido al PSOE, por ejemplo, con respecto a la Unidad de España. Ese mismo partido que le ha dado el gobierno a los independentistas en más de 40 ayuntamientos en Cataluña (y también en Valencia) o que, hasta la semana pasada, mantenía contactos con ERC y DiL.

Desde mi punto de vista es un acuerdo, aparte de inútil por la falta de apoyos, bastante pobre. Un acuerdo con medidas mediáticas y estéticas. Que le suenen bien a la población, aunque no sepan lo que es.

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Eliminación de las Diputaciones Provinciales, por ejemplo. Sabe alguien qué son, o para qué sirven. Es una alegría que en un país con una deuda que equivale ya a casi el 100% de nuestro PIB y que tiene que financiar este año 400.000 millones de euros de deuda, se hable por fin de reducción de gastos reformando la faraónica y endeudada Administración Pública con la que contamos. Pero lo siento Albert, no has apuntado bien. Porque eliminar las Diputaciones es sinónimo de desigualdad. Porque el español que viva en un pueblo va a ser inferior al que viva en una ciudad. Porque las Diputaciones lo que hacen es garantizar a esos pequeños pueblos que puedan serles suministrados los servicios municipales básicos que no pueden asumir y que los demás sí disfrutamos. Quién va a garantizarles la recogida de basuras, el servicio de bomberos, la gerencia urbanística, etc. Ahora la cabeza pensante de Don Albert Rivera tendrá que explicar cómo la Administración va a garantizar estos servicios.

Después vamos a los aforamientos. Qué mal suena esa palabra para la población. Pues los aforamientos no son otra cosa sino la garantía de que los diputados van a estar protegidos en el ejercicio de sus funciones. Y así evitar que un juez o cualquier persona pueda iniciar una “persecución” en los tribunales por motivos político. El aforamiento en ninguno de los casos significa que el diputado no pueda ser juzgado, en absoluto. Sólo que será juzgado por el Tribunal Supremo en lugar de por los juzgados ordinarios para evitar así presiones políticas. Que hay que pedir una súplica para investigarlos, sí. Pero en 40 años de democracia no se ha negado ni una sola súplica. Resumiendo, me parece una medida ineficaz y mediática más que otra cosa. Porque esto, señor Rivera, no va a solucionar nada del problema de la corrupción. La corrupción no está en el Congreso. El foco de la corrupción se encuentra en otros niveles.

Ciudadanos se está convirtiendo en un partido que busca al votante mediano como un mero voto más, no como una forma de transmitir y afianzar su ideología. Porque se podrá estar más o menos de acuerdo con una ideología, pero desvincularse de ello es algo que convierte a Ciudadanos en una simple bisagra entre partidos…

Así que cuidado con los grandes líderes “joséantonianos”, que lo que hacen es poner sobre la mesa medidas que mediatizan nuestra democracia y nuestra soberanía popular.