El Fracaso del “Centrismo”

“Hubo otro gran perdedor del que no se habla tanto, Ciudadanos”

 Artículo de opinión de Manuel Jesús Granado 

Sin duda, tras las elecciones autonómicas gallegas y vascas de ayer, podemos concluir que hay un claro perdedor, el PSOE de Pedro Sánchez, quien ha pagado cara su apuesta por los radicales y su “No, es no”. Tal es así, que incluso me atrevería a afirmar que anoche acabó un ciclo en Ferraz: la etapa ‘Sanchista’.

BARCELONA, EFE/ Andreu Dalmau
BARCELONA, EFE/ Andreu Dalmau

Pero anoche, hubo otro gran perdedor del que no se habla tanto: Ciudadanos. Que vio como sus aspiraciones de terminar su expansión nacional como partido, se vieron bruscamente frustradas. Incapaz incluso de ser el heredero de UPyD en Euskadi, donde tenían representación. Con respecto a junio, ha perdido más de 80.000 votos en Galicia y 20.000 en el País Vasco.

Anoche a Ciudadanos se le esfumó, no sólo la posibilidad de poder decir que ya eran un  partido nacional consolidado, que no lo son, sino también sus aspiraciones de arrebatarle al PP su hegemonía de partido referencia del centro derecha. Si alguna vez hubo tal posibilidad. Yo pienso que no.

En mi opinión, este es el fracaso de su estrategia de la ambigüedad ideológica, del falso centrismo inmaculado que no existe, y en el que ellos insisten estar. Y ha fracasado porque el centro político es la nada. No es una postura ideológica, es una postura política escéptica que considera benéfico mantener una moderada equidistancia entre derecha e izquierda.

Las fuerzas políticas que practican el centrismo reducen al mínimo o a la nada los principios y los valores que defienden, para lograr votos como sea. Como hemos visto en los constantes cambios de discurso de Albert Rivera. Por eso huyen de las cuestiones controvertidas, y son incapaces de iniciar un cambio político y económico. Y como consecuencia de todo esto, tienen un electorado poco fiel y totalmente volátil.

Los que se han dejado engatusar por el ‘buenismo’ centrista, suelen proclamarse apolíticos. Pero la realidad ha demostrado que no hay nada más voluble que los votantes de centro.

A Rivera y los suyos le vuelven a acechar los fantasmas de Nick Clegg o Christian Lindner. Siempre les quedará maldecir la Ley Electoral.