Abracadabra

Tribuna libre de José Antonio Hierrezuelo

Hay que ser futurólogo. Está claro. No lo dice en el Estatuto de Autonomía. Pero hay que serlo. Un andaluz es andaluz si ha nacido en esta tierra – luego está vivo – si es vecino de alguno de sus muchos municipios y, además, es más andaluz si se es futurólogo y se dispone de una buena cuenta bancaria. Como debe ser. Y como quiere Susana Díaz, su corte socialista y sus primos hermanos de Ciudadanos.

Llevo un rato buscando en las webs oficiales, y todavía no he encontrado dónde se puede estudiar futurología. Siempre he tenido a gala ser un buen andaluz. Pero sin el título, soy menos andaluz. Además, de pasta estoy cortito. Debo ser un andaluz de tercera o cuarta.

Por lo menos estoy vivo. Cumplo una de las exigencias. Es decir, como coleante, sufriente, paciente y andante, tarde o temprano, espero que muy, muy, muy tarde, dejaré de existir. Como mucho, seré algún bite en la memoria de los míos. Estoy orgulloso de estar vivo. Y Susana Díaz, seguro que también lo está por mi.

Claro está. No soy futurólogo. No sé si moriré en el plazo de doce meses. O si la vida me dará más comodines. Pero debería saber si dentro de un año, tal día como hoy, me marcharé al otro barrio.

Debería aplicar mis ausentes artes adivinatorias para que me dé tiempo a dejarle a los míos el muy poco dinero que tengo. O si pongo a nombre de mis hijos la casa que aún estoy pagando y desde la que escribo este artículo. Pero debo ser un buen futurólogo. Y no encuentro ni un cursillo por correspondencia.

Un error de cálculo de sólo un día, equivaldría dejar en herencia una deuda con la Junta de Andalucía. Con Susana Díaz y sus socios de Ciudadanos, que más que ciudadanos parecen alienígenas carentes de sentido común.

La Junta quiere investigar a fondo los movimientos bancarios de las personas que fallecen durante  los doce meses anteriores al óbito. Para qué, para garantizarse que el muerto no le ha dado dinero a sus hijos en esos doce meses. Si el finado ha cometido ese error, sin duda alguna por no ser futurólogo ni poseer artes adivinatorias, dejará a sus herederos un regalo en forma de porcentaje de débito a las arcas autonómicas.

velatorio

Un individuo vivo, que tarde o temprano morirá, puede tener en su cuenta bancaria dinero como rendimiento de su trabajo. Es decir, dinero que ya ha estado sometido al IRPF. O por la venta de algún inmueble, de la que ya ha tenido que pagar el Impuesto de Plusvalías. También por haber sido agraciado con la Lotería, aunque del premio Hacienda ya se lleva el 20%.  Puede ser que también por el rendimiento de bienes muebles, aunque de éstos la Agencia Tributaria ya se chupa un goloso porcentaje.

Es decir, que incluso morirse sin hacer bien el cálculo de cuando se recibirá la extrema unción, está gravado con impuestos. Ya está bien, Susana. Porque incluso una vez muerto, hay que pagar la tasa por entierro o incineración. Tasa que, no es barata en ningún municipio de Andalucía, y que además termina en las arcas públicas.

Moraleja. Si alguno de los que hayan hecho el curso de futurología ya sabe la fecha de su muerte, mejor que no se lo diga a nadie, y herede a sus hijos de poco a poco para que la Junta de Andalucía no sospeche de sus intenciones fraudulentas. Abracadabra.