Los toros han vuelto a Lebrija

Cinco matadores gaditanos actúan en la localidad sevillana con formato de festival

En la localidad de Lebrija se ha celebrado un festival taurino sin picadores en homenaje a Juan María Zambrano El Bocho, con novillos de Los Millares (y dos de Macandro).

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A la hora del paseíllo salen los seis espadas anunciado, precedidos por unos alguacilillos un tanto especiales que hacen el despeje a su manera y ni siquiera saludan al presidente. Se celebra una breve ceremonia de homenaje en el tercio con entrega de recuerdos a la familia del homenajeado.

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Para Jesuli de Torrecera sale un novillo sin excesivo trapío, protestado por el público. Los lances de recibo son vistosos avanzando hacia el centro terminando con chicuelina y revolera. Hay un quite del propio titular por tafalleras con revolera y desplante. El tercio de banderillas es malo. Jesuli brinda a su padre e inicia por bajo, yéndose enseguida a los medios. Traza una serie en redondo y el novillo pierde las manos. Siguen nuevas series por la derecha y al torear con la izquierda surge en el tendido un cante con voz de mujer. Continúa la derecha en tres series, con despaciosidad. Vemos una tanda final entre pitones con pases de uno en uno, en estilo ojedista, y pases de la firma, cerrando por manoletinas. La estocada es tendida y desprendida, tras la que el novillo tarda en doblar; Jesuli le da besitos y empieza a tocarle las palmas para animar al público, detalles que se deben evitar. Se premia al animal con vuelta al ruedo en el arrastre y al torero, con dos orejas. En la vuelta triunfal hay nuevamente cante a cargo de la misma cantaora; este detalle se va a repetir en todos los toreros, llegando a desnaturalizarse el sentido de un cante en el tendido, que se debería considerar como algo dedicado a una faena muy especial.

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Para Antonio José Blanco sale un novillo más cuajado que el primero, de color castaño, pero muy lavadito de cara. Lo recibe con lances al paso y media. Brinda a Carlos, hijo de El Bocho. El inicio es por alto, pegado en tablas. Se va al tercio para torear en redondo. Por la izquierda hay una colada y en un momento el animal cae de las cuatro patas. Vemos dos series de circulares y luego otra serie por la derecha. La estocada queda desprendida pero basta y recibe las dos orejas.

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El torero de Las Mesas, Antonio Caro Gil, comienza con un recibo un tanto descompuesto rematado con una revolera y complementado con un quite por lopecinas. Brinda al público y empieza por doblones genuflexos. Por la derecha empieza a trazar series cortas y luego cita de lejos pata realizar el toreo en redondo. Vemos una serie de rodillas para cinco pases seguidos. Por la izquierda hay una serie breve de toreo por bajo, quizá lo mejor de la tarde, y cierra con ayudados amorantados. Finalmente, con la espada hay pinchazo y honda desprendida que da paso a tres descabellos, para luego volver a entrar con el estoque para pinchazo y entera. El público le concede una oreja.

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El novillero local José Luis Villalba saluda a un becerrón en tablas. Hay un buen par de José María Copano y el brindis es para Carlos el Bocho. Ya en la primera serie el animal pierde las manos. A media altura el novillo va más cómodo. Cambia varias veces de mano y al final hay una serie más templada, terminando en redondo para levantar al público. Despacha una estocada caída que hace doblar al animal y es premiado con una oreja.

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Para el gaditano Fran Gómez, que tiene aquí su última actuación en público antes de tomar la alternativa en Sanlúcar, sale un utrero, el animal mejor presentado de la tarde. Lo recibe con tandas de lida avanzando y revolera, sin llegar a asentar los pies. Para un animal como éste dos pares de banderillas resultaron poco y habría sido mejor poner tres o quizás cuatro, habida cuenta de que no había caballo de picar. Brinda al público y cruza el ruedo para irse al sol, donde va a hacer la faena entera, a lo largo de la cual traza unas series en redondo pero de uno en uno. El novillo le da problemas y acaba con un desplante de rodillas, quedando por la izquierda inédito. A la hora de matar pasa en falso y luego hay un pinchazo y una estocada algo tendida que necesita un descabello para hacer doblar al novillo. El resultado es una oreja.

En último lugar, el sanluqueño Eloy Hilario recibe a su novillo alto de agujas con lances decididos pero el animal aprieta y remata con revolera aunque tiene que buscar refugio en el burladero. El propio Eloy banderillea. La faena, a un auténtico inválido, se desarrolla con pases uno a uno y no hay serie en que el animal no doble. A la hora de matar se produce un marronazo y al segundo intento la estocada suficiente para que el novillo doble. Eloy recibe una oreja, cuando ya era noche cerrada y las luces de los focos alimentados por generador no eran suficiente para iluminar toda la plaza. La hora de comienzo se debió haber adelantado para aprovechar la luz del sol; la próxima vez será.

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