España necesita al PSOE, pero no a este PSOE

La España que quiero corre riesgo. El peligro que se cierne no es de ahora, hace un decenio se empezó a vislumbrar la amenaza

Les confieso que, a nivel personal, me da igual. Como si se dan de baja en el registro de partidos políticos del Ministerio del Interior, cerrando así una larga historia con luces, sombras, malasombras y corrupciones. Pero lo que está pasando en el PSOE no es bueno para España.

pedro-sanchez

Quien esto firma tiene a gala de haber sido educado en una serie de valores entre los que se encuentran, y muy marcados a fuego, el sentido de España. De la que conocemos hoy y la que quiero seguir conociendo mañana.

La España que quiero corre riesgo. El peligro que se cierne sobre ella no es de ahora. Hace un decenio se empezó a vislumbrar la amenaza. Y ésta no era otra cosa que la debilidad de uno de los dos grandes partidos políticos. Por aquel entonces, el Partido Popular aún se relamía las heridas del 11-M y de perder las elecciones generales el 14-M de 2004. Era un partido débil con un liderazgo, el de Rajoy, por entonces muy débil.

Gobernaba el PSOE con Zapatero al mando de un timón con una mayoría simple sustentada en los nacionalistas, a los que éste se rindió sembrando el futuro socialista – que hoy es presente – de dudas identitarias. “Aprobaré todo lo que venga del Parlamento de Cataluña”, proclamó a los cuatro vientos. Y de ahí, la tempestad.

El PSOE, hasta entonces partido aparentemente serio, se traicionó a sí mismo. Y su vileza le ha llevado a una fuga continua y constante de votos. Porque, incluso la inmensa mayoría de sus votantes y militantes de baja cuna y rancio abolengo no llevan muy bien eso de ceder ante los que quieren romper España. La España que conocemos.

Los socialistas, lo mismo pactan en Cataluña con los independentistas de la CUP, que dan alcaldías a los separatistas de ERC, como que solicitan el ingreso de los pocos ayuntamientos que dirigen en la Asociación de Municipios por la Independencia. Es decir, por la ruptura de España, sin que la dirección del PSOE – o lo que quede de ella – ni el no se sabe si todavía secretario general, Pedro Sánchez, hayan levantado la voz.

Pero, es más, Sánchez y los más sanchistas dibujaban un futuro gobierno de España apoyado en los independentistas y Podemos, que en el fondo también son independentistas, aunque a su modo. Y, claro está, eso tiene un coste muy, pero que muy alto, visualizado en el tremendo batacazo socialista en las elecciones de Galicia y el País Vasco.

Por eso, y por otras cosas más, el patio anda revuelto en el PSOE. Ni barones, ni baronesas, ni ex dirigentes, ni la prensa influyente podía admitir tanta deriva hacia la nada. Ni mucho menos, unas terceras elecciones que dejaría al partido que gobernó España entre 1982 y 1996 y entre 2004 y 2011, en casi un testimonio político. Tal y como le pasó a UCD en los comicios de 1982.

Decía al principio que quiero seguir conociendo a España mañana. Y pasado. Y en el 2028. Para eso deben suceder varias cosas. Por un lado, que la España que conozco no se rompa y si eso ocurriera, que no fuera por la colaboración o inacción de alguno de los grandes partidos políticos.

Quiero seguir conociendo una España con partidos fuertes. Capaces de formar gobierno por sí solos o con pactos basados en la decencia política y el respeto a las leyes. A todas las leyes. Y, sobre todo, que sean capaces de respetar el voto mayoritario de los españoles.

Sin embargo, la deriva que ha tomado el PSOE en los últimos tiempos con claros tintes guerra civilistas, sea cual sea su solución, no es buena para España. Porque la formación del puño y la rosa saldrá muy tocada y con la credibilidad por los suelos. España necesita al PSOE, pero no a este PSOE.