El contraste entre la solemnidad y lo desmedido en la Semana Santa

Artículo de opinión de Alberto Soto

Solemne, elegante, protocolario, ceremonioso o majestuoso son calificativos que bien se han podido y se pueden atribuir a nuestra Semana Santa, a nuestras Hermandades. Algunos más ajustados que otros, con sus más y sus menos, pero inherentes.

Había algo ya el Sábado de Pasión que comenzaba a hacer acto de presencia y que iba poco a poco anulando en mi mente los términos que antes enumerábamos. Ya lo veía venir, imaginaba cuál sería ‘la moda’ de este año. Pensaba que ya nada me iba a extrañar. Había visto años anteriores pistolas de juguete en el fajín de un nazareno, equipaciones de fútbol bajo la túnica, … Llegué incluso a creer que todo estaba inventado, pero no, me equivocaba. Este año apareció para desconcertar, lo consiguió y se quedó.

Tímidamente, en la recogida de La Sed llegó a mis ojos una luz, un brillo estático por la zona del asfalto. Busqué con la mirada, entre el bullicio y ahí estaban, eran unos zapatos con una tira de luces led que rodeaban toda la suela. Tenía cierto pase –solo cierto-, porque con la multitud no se verían, pero también me equivocaba. El individuo que los llevaba puestos comenzó a andar y con cada pisada el color de las luces de los zapatos cambiaba de manera parpadeante y rápida. Alucinaba. Ahora sí, ya estaba todo visto.

Y volvieron a hacer acto de presencia. El Lunes Santo, en la recogida de La Viga, mientras el paso de misterio subía la cuesta de Catedral y estaba inmerso en una nube de humo, estaban ahí, en medio del acompañamiento. Parpadeando, sin alterarse, de forma natural esos zapatos que iban alternando su color seguían su camino, un día más.

Nos sorprende la moda, pero más me sorprende a mí como amante de la Semana Santa y de las cofradías que alguien a quien de verdad le guste no tenga respeto alguno y lleve esos zapatos. O por lo menos, si lo hace que sea acorde al color de la cofradía que va a ver, ¿no? Señores, seamos serios, dejémoslo para la Feria del Caballo que viene un poco más acorde y les metemos unos lunarcitos y va hasta ‘gitano’. Bromas aparte, esta celebración religiosa no da pie a gustos tan insólitos.

Entre túnicas de color negro, noches oscuras en las que solo se ve la luz que proyectan los cirios, la luna y el compás de los sones que acompañan a nuestras imágenes titulares dejemos que siga siendo así. Es la magia, es el encanto que lo caracteriza. No lo estropeemos, limitémonos a empaparnos de su embrujo. Sin más.

¿Qué será lo próximo que inventen? Tendremos que esperar hasta la Cuaresma de 2017 para que nos vuelvan a impresionar, una vez más, eso sí. Ahora solo esperemos que hayan aparecido para no quedarse, como tantas modas porque es desmedido.