Moncho Ferrer: “Hay que ir a Anantapur”

Washington D.C. recibe con los brazos abiertos a la Fundación Vicente Ferrer USA

Casi de forma paralela, mientras su madre Anna Ferrer presidía los actos en Madrid y Barcelona del vigésimo aniversario de la Fundación Vicente Ferrer en España, Moncho Ferrer, el mediano de los tres hijos del fundador y presidente de la organización, visitaba la semana pasada Washington D.C., donde la Fundación cumple ahora un año.

Moncho Ferrer (dcha) y el cónsul de España en Washington D.C., Enrique Sardá (izda) durante la presentación de FVF-USA en Washington D.C.
Moncho Ferrer (dcha) y el cónsul de España en Washington D.C., Enrique Sardá (izda) durante la presentación de FVF-USA en Washington D.C.

Su agenda tuvo un doble objetivo; dar a conocer y acercar su misión al público norteamericano, y conseguir nuevos fondos para continuar luchando contra la pobreza en la India.

Charlando con Moncho Ferrer, en ésta su segunda visita a los USA -la primera fue en los 90 cuando era estudiante- resulta difícil caer en la cuenta de que hablas con un hindú. Ni su aspecto; cabello claro, piel blanca, ojos azules…  Ni su acento; hablamos en español, spanglish a ratos, lo dirían.  Pero él lo deja claro “Soy Indio, un indio blanco sí, pero indio, aunque también valoro mucho mis raíces españolas… Tenía 18 años la primera vez que salí de la India pero luego he mantenido mucho contacto con mi familia y amigos en España y ahora puedo decir que también me siento español”.

Habla relajado y transmite calma, pero su voz también vibra de pasión por lo que cuenta y sus ojos brillan al recordar anécdotas. Pronuncia el nombre de Anantapur, un pequeño estado de  Andhra Pradesh (India), con una solemnidad digna de la capital de su mundo.

¿Qué significa para usted la India en general, Anantapur en particular?

¿Sabes qué significa el nombre Anantapur? “Ciudad del Infinito”Para mí es eso… el infinito. Todo. Anantapur es toda mi vida. La conexión es muy grande con la tierra, con la gente…. Me crie allí y tuve la gran suerte de que mi padre me dejó toda la libertad del mundo. He tenido mucha suerte. No cambiaría ni un solo día de mi infancia o mi juventud. Yo me siento parte de Anantapur.

Cuando me voy y vuelvo, sólo pasar por la frontera todo es diferente, seguro que tú sientes lo mismo cuando vas a Jerez… Encuentro paz. Mi experiencia allí no me deja ir a otro sitio, allí me siento útil. Mi padre nunca me dijo que me quedara ni que trabajara en la Fundación siquiera pero al cabo de los años, un día, me confesó que estaba muy feliz de que yo estuviera ahí.

¿Cuándo y cómo empezó a involucrarse activamente en la Fundación VF y qué le motivó a hacerlo?

Yo tenía 16 años… mi padre tenía que ir a una inauguración y me dijo que finalmente no podría ir y que la gente quedaría muy decepcionada si no iba alguien de la familia, y que tenía que ir yo. Yo estaba muy nervioso, me aterrorizaba hablar en público, pero él me dijo que estuviera tranquilo que no tendría que hablar y que sólo se trataba de cortar una cinta. Al final del acto, alguien dijo “ahora Moncho va a hablar…” y yo pensé “Joé” -dice con acento andaluz- pero tuve que hacerlo… y ése fue mi debut delante de cientos de personas.

Con unos padres como los suyos, imagino que resulta imposible no sentir la solidaridad como algo natural, innato.

Así es. Desde pequeños hemos aprendido a ser amables con la gente, sobre todo con los pobres, a tratarlos con respeto. La solidaridad era algo natural  del día a día de nuestra casa y de nuestro entorno.

Este año la Fundación Vicente Ferrer celebra su 20 aniversario en España, estos días se han celebrado actos en Madrid y Barcelona… ¿Qué balance hacen de estas dos décadas de presencia en España?

Han sido increíbles. En España he encontrado una solidaridad muy fuerte, actualmente son muchísimos los voluntarios, los padrinos… Cuando empezamos en España, mi padre me dijo “Uy Moncho, hay que aprender castellano… Y yo ya tenía 26 años… y tuve que hacerlo”. Mi debut en España fue por el décimo aniversario: un mes por todo el país. Y encontré un apoyo tan fuerte que me dije: claro, lo que yo creo sobre la solidaridad humana es cierto.

Desde pequeño yo veo el mundo muy positivo, muy solidario. Cuando te refieres a ser felices con poco yo digo hay que ir a Anantapur para verlo. Cuando yo era pequeño no tenía nada. Los niños en Anantapur no tienen regalos, los padres están mejor ahora pero no hay dinero para eso. Los únicos regalos que reciben son los que mandan los padrinos o los que les llevan cuando van a visitarlos.

Los contactos con USA ya vienen desde los orígenes de la propia Fundación, allá por 1970. ¿Cómo fue aquello? ¿Cómo fue capaz de convencer su padre a los Estados Unidos de que interviniera económicamente para ayudar a la India?   

Cuando mi padre dejó los Jesuitas y se casó con mi madre… menos mal, si no yo estaría aquí -Moncho sonríe- todos los que le habían apoyado hasta entonces le dieron de lado. Entonces, sólo quedaba Estado Unidos.

Mi padre tenía una gran capacidad de convencer a todo tipo de gente. Incluso en la India, en Anantapur cuando empezó tenía mucha gente en contra y consiguió apoyo de gente que nunca se hubiera imaginado. En la película también sale algo de estos contactos con el representante americano… Estos primeros impulsos fueron muy importantes para lo que vino después.

En la Fundación seis grandes áreas de trabajo: Sanidad, Educación para el Desarrollo, Infraestructura Rural, Desarrollo de la Mujer, y el trabajo con personas discapacitadas… Para usted ¿qué logro de los conseguidos -si es que se puede destacar alguno- es el más significativo?

Me han hecho esta pregunta muchas veces. Y al final, después de pensar mucho sobre ello, me quedo con una palabra que resume todo lo que no había y ahora hay. Es esperanza. Y es posible que esto aquí no se pueda entender porque aquí la gente tiene una buena vida… Cuando mis padres empezaron a trabajar la vida de las personas de Anantapur era brutal, no tenían nada, ni libertad, ni acceso a nada, ni siquiera a educación o sanidad. No podían pensar en el futuro, sólo en qué iban a comer ese día.

Recuerdo por ejemplo la primera vez que yo conocí el sistema de castas. Yo tenía unos 8 o 9 años y como he dicho yo estaba siempre fuera al aire libre jugando con mis amigos. Hace mucho calor en la India y ese día nos entró sed así que fuimos a la casa de una familia que yo conocía, nos recibieron y nos dieron agua. A mí en un vaso… a los demás en la mano y echándosela desde arriba. Yo no sabía qué pasaba y pensé que era una familia muy pobre que sólo tenía un vaso. Al cabo de tres o cuatro días yo seguía molesto y pregunté a mis amigos ¿qué pasa con esta familia que tiene una casa en el campo, tierras y todo sólo tiene un vaso? Y ellos se reían y me decían ¡ay Moncho tonto tú, cómo que no sabes esto! Y me explicaron que ellos eran intocables y que ni siquiera deberían haber entrado en aquélla casa con él.

¿Y la Fundación Vicente Ferrer ha conseguido calar en este sistema de castas?

Mucho. Ha cambiado mucho. No al cien por cien porque es un sistema de tradiciones muy fuerte en la India, pero aun así el cambio es fuerte porque era muy brutal.

Usted ha hecho un máster en relaciones internacionales y es visible que tiene dotes diplomáticas. ¿Le ha ayudado esa cualidad a la hora de intentar cambiar unas tradiciones tan arraigadas? 

Es mi forma de ser. No hay que pelear. En India necesitas mucha paciencia, sin paciencia no llegarás a ningún sitio allí. Y yo con los padres que he tenido soy muy tranquilo, no me molesto por nada. He visto cosas tan fuertes cada día desde pequeño: maridos maltratar a mujeres en público, pegarles, arrastrarlas del pelo y no se podía hacer nada en aquellos tiempos.

Ahora sí podemos hacer algo y no sólo estamos nosotros, los grupos de mujeres que se han formado en los pueblos no son sólo para mejorar económicamente, también se tratan temas sociales. Por ejemplo, si una chica deja la escuela, este grupo de mujeres se presenta en su casa para preguntar a sus padres qué ocurre. En la educación primaria hemos conseguido el cien por cien de índice de matriculación y cuando empezamos a trabajar era menos del diez por ciento.  Las comunidades están ayudando mucho: ellos son los que hacen y toman decisiones, no nosotros. Poco a poco tenemos que hacer cosas donde ellos no pueden y dejarles a ellos lo que ya pueden hacer.

Un proyecto tan personal y tan ligado a la figura de su fundador como éste, ¿qué ocurrió cuando su padre falleció?

Antes ya de morir mi padre, mucha gente, los padrinos, periodistas, visitantes preguntaban ¿y qué pasa después de Vicente Ferrer? Bueno, ahora se sabe qué pasa después de Vicente Ferrer. Porque Vicente Ferrer no creó una organización para que desapareciera tras él. Tenemos muy buena gente, un equipo muy bueno de personas que han crecido en la organización. Todos los que están en la directiva de la organización empezaron con 18 o 20 años en la Fundación. Es una organización viva, que respira. ¿Tú has estado en Anantapur? Hay que ir a Anantapur (repite sonriendo).

Moncho Ferrer en una de las oficinas de FVF-USA, en Washington D.C.
Moncho Ferrer en una de las oficinas de FVF-USA, en Washington D.C.

Hace poco la Fundación puso en marcha una campaña de captación de voluntarios digitales para difundir vuestros programas en redes sociales que va muy bien (más de 1100 voluntarios en los primeros dos meses) ¿Cree que las redes sociales juegan hoy un papel importante en el ámbito del voluntariado y la acción social?

Yo soy muy ignorante de esto de Social Media e Internet. No tengo Facebook ni Twitter, sólo tengo WhatsApp. Soy de la old generation todavía. Es una asignatura pendiente. Hacemos muchas cosas en Twitter no sólo aquí sino e India  y también tenemos Facebook, tengo que aprender y hacerlo más. Los voluntarios digitales han hecho un trabajo fantástico en España y en India y me gustaría ver lo mismo también aquí en Estados Unidos. Por otro lado, es importante también contar con voluntarios que vengan a la India a ver el proyecto para conocerlo en persona.

El año pasado batimos el reto de visitas desde España con 2200 personas que fueron a Anantapur. Esto es casi una pequeña colonia de España allí, y me gustaría ver que ocurre lo mismo aquí. Porque la filosofía de mi padre, de la Fundación, es llegar al máximo número de gente pobre posible. Cuando pensamos: vale, para hacer más hay que ir a otros países… salen muchos nombres de países… Alemania, Inglaterra -porque mi madre es de Inglaterra- donde ya estamos aterrizando,… y Estados Unidos porque hay esta antigua conexión de cuando nos ayudó en los tiempos difíciles. Entonces fue un proyecto inmenso, construimos casi ocho mil pozos con su ayuda. Ahora podemos renovar este link que tuvimos, y además yo he oído que en Estados Unidos la gente es muy solidaria y que les gusta dar.

Tengo mucho interés en saber por qué es así. No estamos aquí sólo para reunir fondos sino también para entender cómo está la gente de Estados Unidos y saber nosotros también en qué podemos contribuir, aprender… Yo voy a venir a menudo a partir de ahora a Estados Unidos, dos o tres veces al año al menos. Hemos decidido mi madre y yo que ella va a ir más a España y yo vendré más a USA.  Pero claro, en España los padrinos me han dicho “Moncho, esto no lo puedes hacer, queremos verte en España, no puedes dejar España…” y no voy a dejar a España, en noviembre voy de nuevo para allá.

La Fundación y en concreto la figura de su padre ha recibido numerosos premios institucionales y civiles y al parecer cuenta con más de 200 estatuas en la India donde lo consideran Santo… Sin embargo la Iglesia aún no le ha reconocido su labor oficialmente.

Creo que no quedan más premios para mi padre en España -Moncho se ríe entre dientes como un niño travieso y continúa recordando- ¡Mira! -dice de pronto- Después de la muerte de mi padre los jesuitas nos ofrecieron celebrar su funeral en una de sus iglesias en Barcelona. Yo creo que eso significó aceptarlo ¿no? A la comunidad jesuita no le gusta cuando alguien deja los hábitos y esto yo lo entiendo y no pienso mal de ellos ni por un segundo.

En una reciente entrevista preguntada por una futurible beatificación de Vicente Ferrer, tu madre ha declarado que vosotros, sus familiares, no tenéis ningún interés en elevar a tu padre a los altares. ¿Cuál es su opinión?

Nunca hemos pensado en esto porque, como yo siempre digo, mi padre es Santo en los corazones de millones de hindúes y españoles. Pero si hay algún reconocimiento que nos vaya a ayudar a llegar a ayudar a más gente, adelante, estamos de acuerdo.

Mañana voy a Dallas, donde la comunidad Telugu; personas procedentes de la zona donde trabajamos en la India (más de medio millón de ellos en Estados Unidos y Canadá y sesenta mil sólo en Dallas)  tiene una Asociación que se llama NATA que nos va a conceder un premio. Esto es algo especial porque es gente “de casa” que al final ha reconocido el trabajo de la Fundación Vicente Ferrer.

Hablas en presente de tu padre…

Yo no lo noto… Me lo han dicho más veces, en otras entrevistas. Para mí es lo más natural del mundo hablar de él en presente, porque le siento. En India y en España su presencia, su espíritu, es también palpable, es increíble, creo que es así para todos los que trabajamos dentro de la Fundación.

Para España entiendo que, además, es un motivo de orgullo contar con una figura como la de mi padre, ¿cuántos españoles hay que se han ido fuera y han sacado de la pobreza a tantas personas?

Con el panorama de pobreza y carestía generalizado en tantos países, en concreto en España, ¿resulta difícil convencernos de que los hay que están peor que nosotros?

Yo tengo un ejemplo perfecto para eso. En Anantapur la gente pobre está ayudando a gente más pobre que ellos. El proyecto se llama “India for India” y consiste en que cada casa, cada familia, tiene una hucha. Ahora mismo hay 150 mil huchas.

El concepto es muy fácil, cada día, hay que meter en la hucha un mínimo de una rupia (0.000074 de dólar y 0.000066 de Euro) y la gente lo cumple religiosamente. Lo estoy diciendo porque esto lo hace gente pobre de verdad, no gente que tiene problemas de esto o de lo otro como puede pasar en España o aquí. Cada año, el 9 de abril rompemos todas las huchas, todas a la vez en todos los pueblos, esto es para ir a verlo. Sólo el año pasado se recaudaron casi 600 mil dólares y utilizamos todo para los niños huérfanos, algo que también decidieron las propias familias participantes. Es increíble. La gente ha aprendido esta solidaridad por la labor de mis padres y por la solidaridad del pueblo español en Anantapur que ellos han visto y vivido.

Esta idea de las huchas fue mía y surgió porque había una pregunta que me repetían muchas veces en España y me molestaba “Moncho, ¿de dónde vienen los fondos?” y yo contestaba… España, antes Inglaterra y me preguntaban ¿y cómo colabora India? Cuando regresé de uno de esos viajes empecé a preguntar  por los pueblos donde iba ¿por qué no hacemos algo nosotros? Y al principio me decían: pero nosotros somos pobres, y yo les dije: sí pero una rupia, ¿una rupia podéis dar? Y me contestaron: ah sí, claro, una rupia sí… Así empezamos y en los tres años que lleva en marcha se ha recaudado casi un millón y medio de dólares. De la gente pobre.

¿Cree que los gobiernos deberían involucrarse más en la lucha contra la pobreza y sus consecuencias?

Con la crisis, el gobierno de España bajó mucho el presupuesto de cooperación internacional pero es que además nunca tuvo a la India entre sus países preferidos… Mi padre siempre luchó por este tema con el gobierno central -Moncho se ríe como recordando- pero con los gobiernos autónomos; de Valencia, de Baleares, de Castilla-La Mancha, Cataluña, Andalucía… tenemos muchos proyectos que van muy bien.

Por curiosidad ¿cuántas veces les han preguntado por qué no ayudar a niños de aquí y de allá en lugar de centrarse sólo en India?

Hay suficiente riqueza en el mundo para erradicar la pobreza no sólo una vez, sino tres veces. Sí nos lo han preguntado, aunque tampoco mucho. Claro que hay que ayudar a los niños en España o en otros países pero ya hay organizaciones que se encargan de ello y lo hacen muy bien.

Nuestra misión siempre ha estado muy clara, en la India. Y también es positiva la interconexión entre culturas… Ahora en Anantapur la gente valora mucho a España, la miran con respeto, con amor, y antes no se sabía nada de este país.

Ustedes llevan a gala una gestión transparente de las cuentas; las acciones, las donaciones… Sus proyectos además son reales, la gente puede verlos e incluso visitarlos.

Es algo fundamental para nosotros y empezó haciéndolo mi padre invitando a todo el mundo. Al principio, en la oficina de España le llamaban la atención y le decían “Vicente, deja de invitar ¿cómo vas a trabajar si va tanta gente?” Y mi padre contestaba “no me importa. Todas estas personas se convertirán en nuestros embajadores”, y es verdad, así ha sido. Es lo que yo veo, cuando la gente vuelve a España de la India está deseando hacer algo para colaborar con la Fundación.

Aquello no se puede explicar con palabras, ¿cómo vas a explicar la sonrisa de un niño? Hay que vivirlo. Hay que ir a Anantapur -vuelve a insistir haciendo énfasis esta vez con el dedo índice-.

Ya lo ha mencionado usted antes, tienen sedes por casi toda España, en Andalucía tienen una Sevilla y nos consta que siente un especial vínculo con Jerez…

Me gusta mucho Andalucía en general. El acento andaluz es mi favorito -sonríe-  ¡Tengo familia en Granada! He estado una vez en Jerez. Tenemos muy buenos voluntarios, representantes, padrinos, socios,… la gente es muy activa con la Fundación Vicente Ferrer allí. Mi padre les decía “llamas vivas”.  

Recuerdo especialmente a Paco (Paco Valencia). Él ha hecho y hace mucho por la Fundación. Me encantó Jerez… ¡y las bodegas!, ¡impresionantes las botas! Yo nunca había visto una bodega… De Jerez recuerdo el vino, ¡increíble! Y mi padre me hablaba tanto de Jerez…, siempre cuando iba me llamaba desde allí y me decía Moncho ¿sabes? hemos comido unas cosas exquisitas y el vino… no sabes cómo es el vino ¡Tienes que venir!, me decía…

Ahora que están tan de moda las citas o quotes, ¿cuál elegiría de todas las que dejó a su padre?

Hay tantas… pero hay una que a mí me gusta mucho y cuando me piden que firme un libro de mi padre siempre la uso y es “La acción buena nunca se pierde. Queda para siempre en un lugar del mundo”.

Desire VidalDesiré Vidal, periodista jerezana afincada en Washington D.C. desde 2014. Ha sido reportera, presentadora de noticias y jefa de redacción y actualmente colabora con varios medios de comunicación tanto españoles como norteamericanos. Además, combina su labor como consultora de Marketing online y especialista en Social Media con sus estudios de postgrado en Periodismo Contemporáneo por la Notre Dame of Maryland University (USA).