El Día de los Difuntos hace un siglo en Jerez

Esta festividad, proveniente de la religión cristiana, recuerda a aquellos fallecidos que se encuentran en el Purgatorio

Cómo cada 1 de noviembre, nos disponemos a celebrar un día que tradicionalmente ha está consagrado a la memoria de aquellos que nos precedieron y que posee una importante carga religiosa. Pero ¿cómo se celebraba en la ciudad de Jerez esta festividad hace un siglo?

Los aspectos expuestos a continuación, han sido el resultado de la revisión de la prensa de la época, en la cual quedó constancia de los ritos y tradiciones que se celebraban este día.

Hay que aclarar que existe diferencia entre el Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos. Según la religión cristiana, el día 1 de noviembre es el Día de Todos los Santos, fecha consagrada a aquellos difuntos que han logrado alcanzar el cielo. Este día sigue siendo festivo en la actualidad.

Por otra parte, el 2 de noviembre es el Día de Difuntos. En esta efeméride, la religión cristiana recuerda a aquellos fallecidos que se encuentran en el Purgatorio. Se trata de almas que entre su fallecimiento y el momento en el que alcanzan el cielo, experimentan un proceso de purificación de sus pecados. Según plantea el cristianismo, las oraciones en memoria de estos fallecidos, aceleran el tránsito de las almas, alcanzando de esta manera, antes el cielo. Pese a que esta cuestión ha sido revisada en tiempos recientes, esta última idea era fundamental a la hora de entender cómo se vivía en Jerez el Día de Difuntos hace un siglo.

Partiendo de este principio, encontramos en las fuentes múltiples referencias sobre cómo los días 1 y 2 de noviembre, diversas parroquias de la ciudad celebraban todo tipo de actos en memoria de las Almas del Purgatorio. En estas fechas, tenían lugar en Jerez misas de difuntos, santo rosario de las ánimas, piadoso ejercicio del mes consagrado a las Benditas Almas del Purgatorio, meditaciones y responsos. Siendo en esta línea especialmente activas iglesias como la Parroquia Auxiliar de San Pedro, las Angustias, los Descalzos o la Colegial.

En otras iglesias como San Dionisio, Santiago o el convento de San Francisco, además de los actos antes mencionados, era tradicional la celebración de Novenas en recuerdo de las Benditas Almas del Purgatorio. A lo largo de nueve días, se oraba en recuerdo de dichas almas, prolongando las celebraciones religiosas en recuerdo de los difuntos hasta casi la mitad del mes de noviembre.

En este sentido, cabe destacar que determinadas iglesias celebraban misas de difuntos durante todo el mes de noviembre, como era el caso de la Capilla del antiguo Cementerio de Jerez. Consagrando así todo el mes a las Almas del Purgatorio.

En un plano más terrenal, la fuentes hablan de cómo en algunos municipios próximos como San Fernando, era costumbre para conmemorar los “Tosantos”, que el 1 de noviembre se celebrara una velada que suponía la apertura de los mercados por la noche, para la venta de productos típicos de la época. Según la tradición, se compraban frutos secos, determinados dulces y hortalizas propias del otoño, generandose así una actividad que suponía un verdadero éxito tanto de asistencia como de ventas.

Regresando a Jerez hace un siglo, era también costumbre en la ciudad la representación el 1 de noviembre de la obra teatral de José Zorrilla, El Don Juan Tenorio. La función corría a cargo del grupo Teatro de la Eslava, y según cuentan las fuentes, estas representaciones gozaron de una buena afluencia de público. Tanto es así, que ciertos años la función también se representó el dia 2 de noviembre.

Para concluir, la cuestión de la muerte también quedaba recogida en la prensa de la época en Jerez. Se trataba de un tema que no pasaba desapercibido, habiendo publicaciones que abordaban la cuestión de la muerte o de cómo se celebraba este día en otros lugares del mundo. Así pues hubo artículos que hablaban sobre cómo se había vivido la muerte en las diferentes civilizaciones de la Historia, de qué manera se vivía la festividad en la Bretaña Francesa, cómo enterraban a sus muertos ciertas tribus o la traducción de los epitafios de ciertas lápidas francesas.

Muchas de estas publicaciones, reflejaban los planteamientos cristianos de los que partía esta festividad. En la mayoría de ellas se sostenía que la muerte era una cuestión espiritual y no material, por medio de ideas cómo “una lágrima podía secarse o una flor marchitarse, pero una oración era eterna y llegaba a Dios”, siendo la mejor forma de recordar a nuestros difuntos.