El precio de la luz

Un milagro se ha producido en España. De buenas a primeras. Sin procesiones ni rogativas. Pero ha sido un milagro. Los pobres de este país han dejado de serlo. Los ricos siguen siéndolo, pero un poco más. El frío ya no enfría, sino que se ha transformado en una brisa templadita que gusta a todos. Las bombillas iluminan solas, las placas vitrocerámicas, hornos y microondas cocinan por arte de magia y el congelador sigue conservando los cubitos de hielo. Es lo nunca visto. Debe ser un milagro. No sé cómo la Iglesia no ha tomado cartas en el asunto.

De repente, y de forma milagrosa, el precio del recibo de la luz ya no es un problema. Ya no importa a los políticos que gobiernan ni a los que desde la oposición opositan para obtener una plaza fija y con buen sueldo garantizado en la Administración. Han bastado unos chubascos, un poco menos de frío y mucho ruido mediático para que la clase política mire hacia otro lado – habitualmente a sus ombligos – deje de organizar manifestaciones y de presentar demandas ante los tribunales para que éstos investiguen si las eléctricas estafan o no estafan.

La organización de consumidores FACUA ha asegurado que el recibo de la luz en el mes de febrero ha sido un 22% más caro que hace un año. Y cuando un servicio o producto se encarece 22 puntos, no es una subida inflacionaria como consecuencia de las tensiones coyunturales del mercado. Es, sencillamente, usura.

Y después de echar un buen vistazo a la prensa virtual, revistar los time line más significativos de la red twitter y de escuchar varios informativos de radio, observo con tristeza que ningún representante político ha alzado la voz contra esa bestial subida de la luz en febrero. Luego, llego a la conclusión que a esa clase política que tanto ruido sabe hacer – según en qué asuntos – le importa un bledo el precio de la luz. Sólo buscan el rédito político a costa de los mismos bolsillos que ya pagan sus elevados sueldos y prebendas.

Les importa tan poco la gente, que no conozco ninguna propuesta para que el IVA del recibo de la luz baje del 21% actual al mínimo que permita la legislación. Eso sí, la progresía seguirá exigiendo la bajada del IVA cultural, que debe iluminar mucho y calentar más.

Y mientras la clase política se quita la caraja y la careta que le impide ver más allá de su cargo o partido, los ciudadanos y consumidores que tanto dependemos de la energía eléctrica seguiremos esperando un milagro en forma de bajada del precio de la luz.  Haremos procesiones.