La tiesa que se casó con un tieso

Podría ser el estribillo de una coplilla carnavalera. Espero que los letristas me copien. Tendrán más gracia que quien esto firma. El título de este artículo es la reacción sosegada y lógica consecuencia tras leer y oír, releer y volver a oír a la presidenta de la Junta de Andalucía, para más señas, Susana Díaz, en la comisión de no investigación de los fraude millonarios de los cursos de formación.

boda susana diaz

Durante su declaración en el citado batiburrillo en el que Ciudadanos y el PSOE se dan cremita y más cremita, la presidenta de los andaluces salió en defensa de su marido, al que denominó “tieso”, calificativo con el que quiso hacer a su señor esposo un hueco en la historia de la política y la corrupción de Andalucía.  Menuda hazaña. Cónyuge masculino de la pareja a quien el escándalo de los cursos de formación le salpica. Y no sólo unas gotillas, según parece.

Curiosamente, el buen señor trabajaba – aunque se sospecha que era algo más que un simple currante – para los cursos de formación gestionados por el PSOE, que desde tiempos casi prehistóricos gobierna la Junta, de la que ahora su señora esposa es presidenta. Cursos de formación en los que se han gastado, o perdido, millones y millones de euros sin control y todavía no se sabe muy bien en qué. Y nadie, ni la propia presidenta, conoce  por qué. Probablemente, algún día se entere por la prensa.

Susana Díaz dijo que su marido era un tieso. Y a estas alturas, todavía no sé qué quiso decir con eso. Igual, lo que la presidenta quiso explicar es que el ilustre tieso es un tío duro, firme o rígido, casi como los matones de las películas de serie B. Es probable que también quisiera calificarle como un señor tenso o tirante. Grave, estirado o circunspecto. O, por qué no, un hombre terco o inflexible, calificativos estos últimos por los que la presidenta pasaría a ser para muchos andaluces digna de lástima lagrimera. ¡Con qué individuo ha dado la buena muchacha!

El diccionario de la Real Academia asegura que un tieso – como el consorte de la presidenta – es un individuo muerto. No necesariamente dentro de una caja de madera y metido en un nicho. Si no, una persona sin vida, o que no disfruta de ella. Evidentemente, está vivo. Muy, muy vivo.

Lo que Susana Díaz quiso decir es que se casó con un señor que no tenía dinero. Como si eso fuera algo especial. La inmensa mayoría de los andaluces, gracias entre otras cuestiones a la gestión del PSOE en la Junta de Andalucía, somos, hemos sido y lamentablemente seguiremos siendo unos tiesos.

Los informes oficiales dicen que en Andalucía hay mucho tieso, más que la media de tiesos de España. Somos, de hecho, los más tiesos de Europa. Luego, con el calificativo de Susana Díaz a su señor esposo descalificó a la gestión de sus correligionarios andaluces en los últimos años.

Debo suponer que Susana Díaz también fue una tiesa, que tampoco tenía dinero cuando se casó con el tieso de su señor. Con el paso de los años, y con el sueldecito de presidenta, ya habrá abandonado el nutrido grupo de los andaluces tiesos.

Les confieso que me da igual si la presidenta y su marido son unos tiesos. Pero me quedo tieso cuando concluyo que lo más importante que los andaluces van a conocer del fraude millonario de los cursos de formación, es que Susana se casó con un tieso. Lo dicho, comisión de no investigación, vía libre a la corrupción.