PA: Una muerte anunciada

Iba a cumplir medio siglo. Cincuenta años con muchas sombras en forma de errores y alguna honrosa luz. El andalucismo, si es que alguna vez existió, ha muerto. El único partido andalucista de verdad, el Partido Andalucista – el de Pedro Pacheco, Alejandro Rojas Marcos, Diego de los Santos, Miguel Ángel Arredonda, Luis Uruñuela o, entre otros, Antonio Ortega o Julián Álvarez – certificará la próxima semana en Málaga su defunción política. Se abrirá libro virtual de condolencias. Y en él se expresarán dedicatorias amables de los tiempos en que el andalucismo tenía diputados en Madrid, parlamentarios en Andalucía, representantes en Cataluña y algún que otro eurodiputado. También gobernó ayuntamientos como Jerez, Sevilla, Vejer, San Fernando, Coín, Écija, Ronda, El Viso del Alcor, Vera, Cabra… Incluso tuvo consejeros durante ocho años en el Gobierno andaluz. Pero todo eso ya es historia.

La necrológica aseverará que la muerte se produjo por cainismo agravado por falta de personalidad e ideas propias y por un exceso de agravio. Fue infectado por el virus del gobierno de coalición con el PSOE de Andalucía, cuando todavía no se había recuperado de las repetidas crisis de egos entre Pedro Pacheco y Alejandro Rojas Marcos. Y esa enfermedad y  se le enquistó.

Algunos todavía se preguntan por qué ha muerto el PA. Por qué los andaluces ya no quieren saber del Partido Andalucista, cuando siempre fue el segundo partido de los andaluces, según todas las encuestas. Creo que he encontrado la respuesta. Aunque ésta está en el ambiente desde hace mucho tiempo.

El andalucismo era un ente conocido, reconocido y reconocible cuando éste era un partido de oposición que hacía oposición real al poder establecido desde siempre por el PSOE.

En un intento tal vez desesperado, el PA quiso ser el partido nacionalista más nacionalista. Incluso desde su dirección se toleró que se cambiara la letra del himno de Andalucía eliminando – como están haciendo algunos alcaldes de Compromís en la Comunitat Valenciana – cualquier referencia a España. Es decir, que para el PA Andalucía no era por sí, por “España y la Humanidad”, sino “por los pueblos y la Humanidad”.

Los andaluces siempre hemos sido muy andaluces. Mucho. Los más andaluces. Pero muy españoles a la vez. Negar que Andalucía es España fue incluso muy mal visto por muchos militantes andalucistas, lo que provocó un primigenio desapego. Aunque sus dirigentes, más preocupados por sus cuitas internas, no escucharon a su gente. Ni a la calle. Ni a los electores. No se escucharon ni a ellos mismos. Y claro está. El enfermo se ha ido apagando en una larga agonía.

En los próximos días tendrán lugar las honras fúnebres en el Palacio de Congresos de Málaga. Aunque ya algunos piensan que de este entierro nacerá un nuevo partido, plataforma o asociación de electores. Una especie de refundación o rebranding que, a buen seguro, llega tarde, muy tarde.