Tribuna libre de Manuel Pareja Aparicio, abogado en Pareja & Flores.

Si miramos las cosas con perspectiva, nos daremos cuenta que los envites nacionalistas a favor del separatismo en nuestro País, han funcionado como el pelotón de cabeza de una carrera ciclista. Me explico. En una carrera, el pelotón que se da a la fuga en busca de la victoria, aun de equipos diferentes, se ayudan, se relevan, se dan aire, para que el peso de la escapada no recaiga sólo en un hombre. Así, rentabilizarán la huida.

Cuando uno pierde fuelle, llega el otro por detrás y le coge la vez. Lo mismo pasa en España con los partidos separatistas: se turnan. Con Zapatero, fue Ibarretxe quien presentó su plan ante el Congreso, sabiendo que éste lo rechazaría, porque estaba fuera de la ley. Los catalanes apoyaron entonces ese intento secesionista, sin protagonismos. El PNV llevó el peso. Ibarretxe se quemó, pero el objetivo estaba cumplido: crear el ambiente de que la independencia era algo más que una declaración de principios o que un deseo; dejar claro ante los españoles, y ante la propia afición, que los nacionalistas iban en serio, que era posible separarse.

Años después, Zapatero dijo aquello de “aceptaré todo lo que venga del Parlamento de Cataluña”. No querías café, pues toma dos tazas. Se cascaron un “Estatut” que el Constitucional declaró ilegal a medias, pero que dejó vivas otras partes a mi juicio contrarias, si no a la Constitución, sí a su espíritu.

Aquí, en Andalucía, para no ser menos, el PSOE promovió con el apoyo del Sr. Arenas una reforma del Estatuto, en la que dice que Andalucía es una nacionalidad histórica; mentira gorda, los andaluces no necesitamos ninguna reivindicación étnica.

Ahora, la CIU de Más, se une con la Esquerra, y plantean un referéndum  de independencia para el próximo 9 de noviembre. Saben que no se celebrará, pero ya ha calado de sobra la “necesidad de autodeterminación”. Se oye a mucha gente no catalana que muestra su acuerdo con la consulta. Han inoculado el virus que acabará en unos años si no le ponemos remedio, con la nación española como la conocemos hoy. Y no es tremendismo, es que el pelotón separatista está cada vez más fuerte, y el pelotón de la unidad nacional, muy fatigado. Que vuelva Induráin, por favor.