Tribuna Libre de Antonio Conde Argudo, Coordinador General de Iniciativa Progresista Jerezana

La política se ha vuelto deporte de alto riesgo gracias a sinvergüenzas que han hecho de los nuestro, lo mío y, han realizado comportamientos al más claro estilo del ladrones de guante blanco, estos comportamientos producen un rubor en la medida que son expresión de un impudor político descarado que ni siquiera se ha tomado la molestia del disimulo. Esto es lo que ocurre cuando los depositarios de la confianza de la ciudadanía se auto contemplan y se auto benefician desde la privilegiada atalaya del poder.

Todavía más seria es la impresión generalizada de que se esta en la presencia de  un privilegio a la medida de estos personajes o personajillos a los que se les quiere proteger procesal y políticamente, mediante el alargamiento de los procesos para que se difuminen en el tiempo y queden en el recuerdo de los ciudadanos/as o con largas condenas mediáticas y   periodos cortos de privación de libertad, se les indulta o dota de medidas de gracia para que puedan seguir disfrutando de la vida cotidiana de la calle y con el solo deber de pernotar en la cárcel.

Pero lo más grave en cierto sentido, es la quiebra del principio de igualdad que anima e inspira nuestra Constitución del 78. Una igualdad que en su  artículo 14, la Carta Magna dice: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Una igualdad ante la ley y, en consecuencia, ante la justicia, que es alterada por vía del privilegio y que tanto daño esta haciendo a este país, por ello, me parece despreciable que esa igualdad solo sea uno de esos valores superiores que, por lo que estamos viendo constantemente, no rige para quienes deberían ser sus garantes.

Un país al borde del colapso por mucho que se nos intenten de  trasladar, aquello de que estamos en vías de recuperación y a la vez nos facilitan  datos apabullantes de que los ricos, son más ricos, y los pobres más pobres y, cada día se suman más personas a las colas del paro y con ello, a las  de recogidas de alimentos con cabezas cabizbajas y pensamientos evadiendo la cruda realidad, fijados en aquellos años en los se ganaban el sustento con el sudor de sus frentes y esto sobre todo les daba dignidad como personas, pues yo soy de los que pienso que la mejor política social, es la creación de empleo y no políticas del cazo, plato y cuchara.

Cada día nos levantamos con nuevos casos de corrupción y ya no se salvan ningún ámbito de esta sociedad empresarios, políticos, sindicatos, militares y hasta la más alta institución de nuestro país “la Monarquía” esta salpicada de esta lacra de profanadores del erario público y el bien común. Tengo la firma convicción, que tenemos la obligación, de cambiar esta forma de pensar tan de este país, de hacer, que lo nuestro pase a ser lo mío en un juego de malabares de apropiación amparado en la potestad del poder; Pero también creo firmemente que la ciudadanía tiene la obligación de castigar estos actos y no justificar con aquello de que los otros han hecho o se han llevado más y, siguen depositando su confianza en forma de votos a estos corruptos o partidos acogedores, por ello, endurecer las penas y que devuelvan lo robado y que mejor reinserción  que no se puedan acercar a lo publico y a lo que ello rodea.