No es un día más. Es un día para reivindicar, para continuar con la reivindicación y lucha que comenzó hace mas de 100 años y que se proclamó allá por el año 77 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

Ha llovido mucho desde entonces y, por suerte, han sido numerosos los avances que se han producido en materia de Igualdad en nuestro país, pero no menos cierto es que muchos de estos progresos se han visto frenados y  mermados en los últimos años de gobierno de la derecha en nuestro país.

Cínicamente paradójico me resulta que aquellos que se erigen como grandes defensores de la familia son los que menos gasto social dedican a defenderla y a protegerla y donde las políticas familiares son las mas pobres e ineficientes.

En la misma línea de cinismo va el hecho de que aquellos que suelen presentarse como los grandes defensores de las mujeres, en épocas de crisis como las que actualmente vivimos, no señalen la Igualdad como un bien de primera necesidad, sino como un lujo al que hay que renunciar y así lo hacen. Numerosos ejemplos nos demuestran que esto por desgracia es así:

  • En una difícil situación laboral, la brecha salarial entre trabajadores y trabajadoras se abre cada día más.
  • Las mujeres representan hoy día el 76 % de los contratos a tiempo parcial, lo que pone de manifiesto la tremenda precariedad laboral a la que estamos abocadas.
  • La congelación de plantillas en el sector público también perjudica especialmente a las mujeres ya que son las que se vienen incorporando a él en mayor número.
  • La imposición de una funesta Reforma Laboral también permite que los empresarios impongan la realización de horas extraordinarias, lo que resultará mucho más difícil compatibilizar la vida laboral y familiar.
  • La dificultad para el acceso a puestos y órganos de responsabilidad.
  • Y, la última “broma” de este gobierno es la modificación de la ley del aborto, que priva a las mujeres del derecho a elegir sobre su maternidad.

Por desgracia, lo que cabe esperar con toda probabilidad de estas medidas mencionadas es el fortalecimiento de los esquemas patriarcales que implican especializar a las mujeres en una doble tarea laboral, la no retribuida en su familia y la puntual y mal pagada en el mercado de trabajo.

Me niego a que mis hijos e hijas estén sometidos a este esquema de vida donde las mujeres estén en inferior situación que los hombres. Me niego a perder en derechos en vez de ganarlos con el tiempo.

Hombres y mujeres no hemos de renunciar a todos los avances que hubo un tiempo en el que se iban dando poco a poco los pasos hacia una verdadera igualdad, con un largo camino que recorrer pero con paso firme y decidido. No hemos de renunciar a lo que hemos perdido y a lo que nos queda por conseguir y ojalá llegue el día en el que no sea necesario hablar de discriminación positiva porque la igualdad esté firmemente conseguida.