María José García-Pelayo ha destacado la figura de este grandísimo profesional que ha contribuido a convertir Jerez en una ciudad conocida a nivel internacional

  • Se ha descubierto la horquilla con su nombre en una de las rotondas de la antigua carretera N-IV

La alcaldesa de Jerez, María José García-Pelayo, acompañada de miembros del Gobierno municipal, ha presidido el reconocimiento que se ha rendido al bodeguero jerezano Antonio Páez Lobato, al que la ciudad le ha dedicado una de las rotondas de la antigua carretera N-IV, la más cercana a las instalaciones de las Bodegas Páez Morilla. A este acto también han asistido además del homenajeado, miembros de su familia, siete de sus ocho hijos e hijas y gran parte de sus veintisiete nietas y nietos, así como sus dos grandes amigos: Paco Franco y Diego Álvarez.

La alcaldesa ha declarado que “la dedicatoria de esta rotonda a Antonio Páez Lobato es un reconocimiento de cariño y de admiración de Jerez a uno de los grandísimos profesionales que han contribuido a convertirla hoy en una ciudad internacionalmente conocida por su tradición vinícola. Por tanto, es un homenaje más que merecido”.

Esta iniciativa ha sido impulsada por su familia y amigos, y ha contado con un total de 1.057 adhesiones.

María José García-Pelayo ha recordado que Antonio Páez lleva toda su vida ligado al mundo del vino, ya que “comenzó a trabajar en el despacho de vinos de su padre con sólo nueve años. Además, en los años 40 logró montar su propio negocio de tonelería, que actualmente cuenta con una cartera de clientes de toda España y firmas extranjeras”.

No obstante, añade la alcaldesa, “Antonio Páez Lobato da un paso definitivo en su carrera profesional cuando en 1945 compra partidas de vinos avinagrados para empezar a comercializar el “Vinagre de Jerez”, convirtiéndose, por méritos propios, en el Rey del Vinagre, porque con 22 años comenzó a defender las excelencias de un vinagre que hoy está reconocido en todo el mundo”.

Asimismo, este bodeguero jerezano también fue un renovador lanzando al mercado un vino blanco, el “Tierra Blanca”, y posteriormente el “Viña Lucía”, que fue el primer tinto andaluz embotellado.