Artículo de opinión de Antonio Saldaña, primer Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Jerez

La memoria es frágil y ya parece que algunos españoles han olvidado los efectos devastadores que ocasionó en nuestro país la política populista  y de cartón piedra que desarrolló un joven presidente del gobierno, sin ninguna experiencia en solucionar los problemas de la economía real, y más preocupado por los discursos dogmáticos e ideológicos que por afrontar los problemas y buscar soluciones. Si España ha tardado más en iniciar la recuperación de la crisis económica ha sido principalmente por ocho años de negación de la realidad y poco trabajo. Zapatero llegó encumbrado y con un importante respaldo popular y de los medios de comunicación y acabó como acabó. Un lobo con piel de corderito.

Y debemos recordar cómo llegó, tal y como llegan todo este tipo de personajes. En una situación de crisis o convulsión social (no olvidaremos en muchos años el 11 M), prometiendo lo imposible y aprovechando el desconcierto sobrevenido de la población. Salvando las distancias, han sido muchos los casos en la historia del mundo en los que se accedió al poder con mensajes mesiánicos que acabaron por destruir socialmente los países que cayeron presos de este populismo.

Y, como suele ocurrir, la historia se repite. En Andalucía tenemos la versión femenina de aquel presidente Zapatero, Zapatero II. En la mayor crisis económica de los últimos años, con la mancha del mayor fraude de fondos públicos (véase el desfalco de los ERE) que se recuerda en Andalucía y el régimen político más duradero después de la dictadura, aparece un producto de marketing político, “ni una mala palabra, ni una buena acción”. Una actriz, sin ninguna experiencia en la solución de problemas, con buenos asesores de imagen, un buen fotógrafo y un discurso mesiánico y sin fondo. No podemos olvidar como suelen acabar estas historias si no queremos que la historia se repita.

Gobernar un país, una región o una ciudad no es cuestión de simpatía. El rigor en la gestión del dinero de los ciudadanos, la responsabilidad de adoptar las medidas necesarias para sanar al enfermo (véase el tratamiento de un buen médico que a nadie nos gusta recibir pero del que nos alegramos cuando nos curamos) y el trabajo continuo y honrado, no cotizan en las páginas del papel ‘couche’, pero funcionan. Está claro que Susana Díaz parece más simpática que Montoro, pero la labor del ministro no es caer simpático, sino arreglar la situación de nuestro país para mejorar nuestra calidad de vida.

Con la simpatía y los titulares no se come. Cuando usted vea a Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía por el dedo divino de Griñán, entorne un poco los ojos y recuerde a su antecesor en esto del marketing político. Tuvimos a Zapatero y ahora en Andalucía y España nos quieren colar su versión femenina, Zapatero II. Agárrense que vienen curvas.

  • MARISOL

    el problema es que ante los silencios de vosotros y el no decir las cosas claras otros las cuentan a su manera