Cante en el tendido, pasodoble nuevo y bronca al presidente

El Puerto de Santa María (Cádiz). Sábado, 8 de agosto de 2015. Segunda corrida (nocturna) de la Temporada de Verano. Calor bochornoso sin brisa. Dos tercios de entrada, la mayor parte del público en zona de sol.Toros de Salvador Domecq, con pesos entre 475 y 545 kilos; bien presentados excepto el quinto; aplaudidos cuatro en el arrastre.Juan José Padilla: pinchazo y media; ovación con petición. Gran estocada (a tener en cuenta por los que dan premios); una oreja con fortísima petición de la segunda y gran bronca al presidente.Francisco Rivera Ordóñez: dos pinchazos y entera; palmitas. Estocada baja con vómito; silencio.David Fandila “El Fandi”: pinchazo hondo y descabello; una oreja. Estocada desprendida pero fulminante; una oreja y salida a hombros por la puerta grande.

Entre las cuadrillas, el primer picador de Padilla fue pitado y el segundo oyó palmitas. Se estrenó el pasodoble “Peñarroya-Pueblonuevo” del maestro Abel Moreno.

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Juan José Padilla, que vestía de salmón y azabache, recibió a su primero bajando la mano pero el burel no se empleaba. Lo llevó al caballo por delantales pero no se empleó. Como casi siempre, banderilleó, esta vez por partida cuádruple; como novedad, inició un par en postura genuflexa, pero en otro lo que no supuso novedad fue tomar el olivo sin necesidad. Tras un saludo y dos series con la derecha, probó con la izquierda pero el toro no humillaba; volvió a la derecha para recurrir a los molinetes, los molinillos, los desplantes y el abaniqueo.

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A pesar de la petición de oreja se negó a dar la vuelta. A su segundo, que sí metía la cabeza, lo lanceó con mano baja. Lo llevó por chicuelinas al paso para un puyazo a caballo levantado aunque tapando la salida; quitó por faroles. Banderilleó mejor que en su primero.

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Brindó a la cantaora Laura Gallego, que le contestó con un fandango desde el tendido; tras un inicio de rodillas, trazó buenas series, algunas eufóricas, incluyendo desplante, circulares, el teléfono y un arrimón, hasta que el burraco amenazó con rajarse. En la vuelta triunfal le acompañaron palmas por bulerías y gritos de torero, torero, besando finalmente la arena.

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Rivera Ordóñez, de azul y oro, lanceó avanzado a un toro que se distraía. Después de un puyazo recargando, quitó por chicuelina (una). Aunque el público pedía que banderillease Rivera, De Alba pareó bien. Tras un recibo por bajo y una serie templada, empezó el recital del pico y de los pases para afuera; tras una serie por la izquierda volvío a la derecha con zapatillazos y un desplante, aplaudido porque la gente tenía ganas de aplaudir. A su segundo, que echaba las manos por delante, lo recibió con poco asiento. Tras un tercio de dos puyazos, malos por barrenadores y tapadores, el público vuelve a pedir inútilmente que banderillee el matador. Chicote lo hizo, en su lugar, bien. Tras un inicio por doblones vinieron unos cuantos banderazos y una serie por la izquierda de uno en uno y para afuera; el toro se aburrió, o lo aburrieron, pero el buen público de El Puerto le dedicó palmas en el arrastre.

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El Fandi, vestido de coral y oro, calentó desde el principio con largas cambiadas de rodillas y lances al paso. Lo llevó al caballo por chicuelinas al paso para una puya trasera y quitó por soberanas aplaudidas. Banderilleó el maestro exhibiendo ese horroroso salto culón que ha aprendido de Ferrera pero que antes nunca hacía; tras el violín, jugó con el animal para ganarse los aplausos. Inició con cuatro altos de rodillas y molinete para seguir con series de trazo largo, molinillos y cartuchitos; a los naturales para afuera el toro respondía con cabezazos; para terminar, circulares.

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A su segundo, Fandi lo recibió también de rodillas y remató los lances al paso con el capotazo de desprecio, ese que no tiene valor ninguno pero que algún público jalea. Tras un galleo por la espalda, vino un puyazo poco trasero que se agradece, una vuelta de campana y un quite por navarras con serpentina. El tercio de banderillas se compuso de cuatro pares de moviolas o violines a gran velocidad y puso a la gente en pie. Brindó por segunda vez, agradecido, a ese público tan agradecido; series cortas, de pases por alto o de uno en uno con más zapatillazos, terminaron de convencer al tendido para sacar los pañuelos.

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