Banderita

Soy usuario habitual del tren de cercanías entre Jerez y mi puesto de trabajo desde hace ya mucho tiempo. Tras un buen puñado de años utilizándolo a diario he tenido motivos para sorprenderme, admirarme, emocionarme e incluso asustarme alguna que otra vez.

El sentimiento que me embargó el pasado lunes dos de octubre, tras un domingo triste como pocos ante la televisión, me dejó algo trastornado. Nos sabía cómo calificarlo, hasta que tras unos minutos de reflexión pude ponerle nombre. Al principio creí que se trataba de indignación o de rabia, aunque finalmente terminé por darme cuenta que lo que sentía era simple y llanamente pena.

Al llegar a Jerez y apearme se levantó ante mí una señorita cuya edad rondaría los veinte años y que con su mochila al hombro daba toda la apariencia de que vendría de alguna facultad. El motivo del impacto visual que recibí se centró en una de sus manos, concretamente con la que se agarró a la barra del vagón. En ella llevaba dibujada una estelada y su muñeca era jalonada por una pulsera a modo de bandera republicana.

Sentí una enorme frustración al contemplarla porque pensé que aquella chica no sería consciente de las generaciones de personas que han sufrido a lo largo de los tiempos para que ella luciera impunemente y de una tacada dos banderas que no son constitucionales.

Dos enseñas tan ilegales como la que lució nuestro paisano Juan José Padilla sin saberlo y por la que ha sido vilipendiado por los adalides de la libertad,  siempre claro está que dicha libertad caiga de su lado; por los defensores de la democracia, siempre que ésta sea la suya, por los enemigos de cualquier ideología que no sea la suya.

Pero volviendo a lo que nos atañe, a nuestra anónima viajera educada en colegios en los que solo estudió la historia de nuestra comunidad o incluso solo los climas de nuestra región. ¿Se puede ser más excluyente?

Ahora que  vivimos en la aldea global, enseñamos a nuestros hijos a que se miren su ombligo, a que no miren más allá de sus narices, que el mundo no existe a más allá de unos palmos.

Craso error. Si la viajera hubiera sido formada en la realidad, sabría que ella se puede expresar libremente porque aunque no sea consciente de ello, porque nadie se la habrá enseñado, vivimos  el periodo más duradero de paz y prosperidad de toda nuestra historia moderna gracias a una Constitución, que algunos de los que la están adoctrinando, quizás sin que ella se esté dando cuenta, la tachan como el régimen del 78.

Si en lugar de ir a las “manifas” se interesara en informarse y leyera prensa diversa sabría que la estelada está queriendo ser impuesta fuera de la ley, que la bandera que llevaba en su mano es una bandera rupturista y aislacionista y que quien la enarbola es  partidario del “o estás conmigo o contra mí”, su particular forma de entender la democracia. Una enseña que nunca ha representado ni representará jamás a una nación, porque Cataluña nunca fue un país, fue siempre tierra de gente trabajadora y honrada que ahora asiste impasible a la contemplación de que una simple tela ha engullido desde el desconocimiento de sus portadores a la Senyera, bandera que por cierto es tan legal como nuestra rojigualda y tan Constitucional como ésta.

A esta fiesta de la vexilología (estudio de las banderas),  como no, se suma la tricolor, la bandera de una triste y corta época de nuestro país, de este país que le pese a quien le pese sigue llamándose España. ¡Qué harto estoy de esta banderita! Sea el motivo que sea el que cause la manifestación allí estará ella. Que si estamos en contra de esto… banderita; que si no compartimos aquello… banderita, que si nos somos partidarios de lo otro… banderita. Cualquier día el abanderado, que no es una marca de ropa interior, hasta  aparecerá por la reunión de la comunidad de vecinos con la dichosa banderita.

A los portadores de la tricolor y a la chica del tren, solo una petición: en la república independiente de su casa luzcan las banderitas que quieran, pero en público guárdense un poco por favor, que muchas personas lo pasaron mal para que ustedes vayan luciendo símbolos retrógrados y que no nos representan.

Y por cierto señorita, vaya borrando de la manita la estrellada porque Cataluña es España y lo seguirá siendo por mucho que a usted no le guste.

José Blas Moreno
José Blas Moreno