Tribuna libre de Manuel Pareja Aparicio, abogado en Pareja & Flores.

No entiendo muy bien el revuelo que ha provocado el libro de Pilar Urbano, ni las reacciones de la Casa Real, y de antiguos colaboradores del Presidente Suárez.

Todo lo contenido en el libro, menos las conversaciones noveladas, estaba ya publicado, y además tiene pinta de estar cerca de la verdad. Se nos ha vendido al Rey como la persona que el 23-F paró el golpe, y es muy cierto. Pero también lo es que la Operación Armada existió, que la Casa Real estaba informada, y que dicha operación no pretendía ser un golpe militar, sino como dijo el CESID, una operación de corrección del sistema.

No es que el Rey quisiera un gobierno no democrático; lo que se buscaba por todos y el Rey respaldaba, era apartar a Suárez. Ya se había hecho en Francia con la “Operación De Gaulle”. Ahí estuvieron los propios compañeros de UCD, el PSOE de Felipe, la AP de Fraga, y el PCE de Tamames, porque Carrillo se oponía.

Por supuesto, la patronal, la banca y la Iglesia, los sindicatos y hasta los ujieres del Congreso. Suárez se fue, y para el Rey acabó ahí la Operación Armada; pero éste no se conformó con que Calvo Sotelo fuera el Presidente. Así que Tejero, hombre de paja del CESID, entró en el Congreso en nombre del Rey, y Armada pensó que éste aceptaría el gobierno que había consensuado con todos los partidos. Pero se vieron los tiros de Tejero por la tele y el intento cutre de tirar al suelo a Gutiérrez Mellado; no me digan el papelón de sacar de ahí un gobierno de concentración nacional.

Para colmo, cuando Tejero ve la lista del gobierno de Armada, casi se cae del susto. No había entrado a punta de pistola en el Congreso para que socialistas y comunistas estuvieran en el gobierno. Armada quedó como cagancho en Almagro, el Rey prefirió olvidar la operación Armada, y los líderes de los partidos corrieron para ponerse detrás de la pancarta de democracia sí, dictadura no.

El único honrado aquel día hasta donde sabemos, Suárez. Si esto no fuera cierto, no habría inconveniente en desclasificar las conversaciones telefónicas grabadas entre la Casa Real y los militares sublevados más de 25 años después. Suárez Illana podría sacar los papeles de su padre. Ha sacado sólo unos pocos, que no aclaran nada; y ha defendido al Rey y denostado a Pilar Urbano. ¿Por qué no dijo nada cuando se publicó el libro de Jesús Palacios? ¿Y lo que Arcadi Espada dice que Suárez le contó a él y otro puñado de periodistas sobre el enfado con el Rey? ¿Nos vamos acercando a la verdad, o estamos aún lejos de ella? Si estamos así aun con el 23-F, ¿sabremos algún día lo que pasó en el 11-M? A lo mejor nuestros nietos.