En el 90 cumpleaños del Teatro Villamarta

La gran transformación se realizó desde 1994 a 1996

Sobre el solar del antiguo convento de la Vera Cruz, se levanta entre 1927 y 1928 el denominado desde siempre como el Teatro Villamarta, gracias a la iniciativa del propio rey Alfonso XIII que le encarga al entonces alcalde de Jerez Álvaro Dávila y Agreda, marqués de Villamarta, con el apoyo de Miguel Primo de Rivero,  al frente en aquellos del gobierno de la nación, la construcción de este gran coliseo jerezano.

El proyecto definitivo es elaborado por el arquitecto vasco Teodoro Anasagasti. La construcción empieza el 10 de enero de 1927 cuando fue colocada, simbólicamente, por Miguel Primo de Rivera la primera piedra. El 11 de febrero de 1928, hace ahora 90 años, se inaugura el teatro con 2000 localidades. Desde sus inicios este teatro ha sido un orgullo para la ciudad y un prestigio para toda compañía, artista o relevante figura que ha pisado sus tablas.

En junio de 1986 se cierra el teatro y en 1988 lo compra el Ayuntamiento de Jerez. En 1994 se empiezan las obras de reformas del actual teatro. Entre las modificaciones más importantes están la reducción de las butacas y la eliminación de algunas columnas de mampostería presentes en medio del patio de butacas debidas a la impresión que causó cuando se construyó la visión de un anfiteatro tan grande sin ninguna sujeción. La rehabilitación del teatro consistió en la demolición de palcos, anfiteatro, vestíbulo, foyer, escaleras y coronación de escena, hoy nuevos, perviven con las fachadas exteriores, crujías perimetrales y armaduras de cubierta del edificio original.

Los problemas de acústica, visibilidad y dificultad de acceso y evacuación de la antigua sala se derivaban del trazado primitivo del plano del anfiteatro: los de acústica del excesivo vuelo sobre el patio de butacas, los de visibilidad de los obligados pilares intermedios que lo apeaban, y los de evacuación y acceso de su también desproporcionado aforo. La nueva sala, al objeto de dar respuesta a estas cuestiones, dispone ahora de un patio de butacas algo más reducido, al que lateralmente arropan las plateas, y un anfiteatro en el que se diferencian dos sectores: un plano medio, el principal, prolongado en los palcos, y otro superior, o anfiteatro propiamente dicho. Se han conservado, contribuyendo así a preservar la identidad de la sala, el arco de embocadura de escena, sus escudos nobiliarios, los lienzos costumbristas y el techo.

 El 21 de noviembre de 1996 se reinaugura con la presencia de la infanta Elena de Borbón y su entonces marido Jaime de Marichalar, duques de Lugo, y un recital de Alfredo Kraus acompañado por la Orquesta Filarmónica de Turingia

En la comparativa podemos ver el interior del teatro antes y después de su restauración. Su aspecto actual, adaptado a las necesidades y a las tendencias del momento, dista bastante de esa imagen de un teatro que conservaba el sabor y el señorío de principios del siglo XX, fiel reflejo de los años en el que fue construido.