San Apapucio, el copón de las bullas y la virginidad

“Para seguirle los pasos al San Apapucio mencionado, no tengo más remedio que tirar de la enciclopedia de los torpes”

Por: Pascual Fernández Espín

Leo un artículo-ficción del escritor Pérez Reverte en la XL Revista Semanal del periódico la Verdad de Murcia, que trata sobre una atosigante pesadilla del propio escritor cartagenero con la radio y Carlos Alsina, de Onda Cero. Y en esas, o sea,  en sus sueños, el genial académico, emparedado entre lo imposible de su sueño y la realidad del día siguiente, más cabreado que una mona, blasfema en arameo contra todo lo que esté quieto o se menea, entre ellos San Apapucio, el Copón de Bullas y la virginidad.

Y claro, como no podía ser de otra manera, me llama la atención sus imprecaciones y desvaríos. Obviamente, como el tío dispara y luego pregunta, para hacer alguna mención suya, hay que asegurarse de que esté de buenas, tenga en sana paz las hemorroides y la gripe la lleve ya de capa caída.

Dicho lo cual, para seguirle los pasos al San Apapucio mencionado, no tengo más remedio que tirar de la enciclopedia de los torpes; o sea, la Wikipedia de todos los listos, y en ella se dice que San Apapucio era un santo apócrifo, de poco relieve y que carece de todo historial laboral, por tanto, problema resuelto para Montoro, oficialmente no tiene derecho a pensión, y si quiere seguir sopando cuando se retire, aunque sea poco y malo, tendrá que ir pensando en hacerse un Plan de Pensiones con las limosnas del cepillo de su parroquia.

Joe, con Montoro y las pensiones de las narices, después de exprimirnos hasta la respiración y dejarnos a algunos el futuro con “temblaeras”, dice el tío que ahorremos para hacernos un Plan de Pensiones, o que nos muramos al poco de jubilarnos. Que vivimos mucho. A ver: imaginen ustedes a un padre de familia, con uno o dos hijos y casa que mantener, y si tiene la suerte de tener trabajo, su sueldo, siendo generoso, no llega a los mil euros al mes; pues bien, ese mismo padre de familia tiene que aguantar el verse aconsejado, o direccionado, por cualquier perdonavidas  que  se llevan a su casa ocho o diez veces más dinero que él.

Todavía me acuerdo cuando su homónimo en el cargo, don Pedro Solbes, a la sazón Ministro de Economía y Hacienda entre los años 1993-1996 y 2004-2009, ofreció al “tendío” lo mismo que ahora ofertan los mandamases de turno.

Hacerse un Plan de pensiones para asegurarse el cuscurro de pan en la vejez. Pues han de saber que el señor Sorbes a algunos no la metió sin vaselina, ya que años después, a la hora de recuperar el Plan de Pensiones, el pájaro había modificado las normas de recuperación del capital ahorrado a mitad del partido, y por poco y se queda hasta con los calcetines sudados del abuelo.

Pero eso ya es historia, aunque ahora alguien pretenda reescribirla de nuevo a ver si cuaja, así que, dejemos las pensiones a un lado y pasemos a otro de los reniegos del escritor de Cartagena, eso sí, muy acorde con su verbo y pluma ácida. Esta vez la imprecación dedicada era nada más y nada menos que al Copón de Bullas. (Murcia) ¡Jesús María!

Ya sabíamos que Pérez Reverte era suelto de prosa, pero tanto como soltar semejante boutade, pues qué quieren que les diga. Nuevamente, Wikipedia por medio, me entero que el escritor asegura que el Copón de Bullas (Murcia) es una fábula de chicha y nabo, ya que ni hay copón, ni tampoco es de Bullas. ¡Osús María! Lo que les faltaba a los bullenes, ya ni tan siquiera eso, o sea, ni el copón.

Pues efectivamente, resulta que juramentar contra el Copón de Bullas no es irreverente ni pecaminoso, ya que según versión del propio ex párroco de La Copa, pedanía de Bullas, a la entrada del pueblo había una taberna cuya especialidad eran las copas de anís fuerte, o leche anís, y el tabernero, muy espléndido él, solía servir la bebida en una copa grandísima.

De ahí lo del Copón de Bullas. Asunto aclarado. Ahora queda dilucidar lo de la virginidad de Pérez Reverte, que a la postre se venía a referir al cuento de la virginidad de las Once Mil Vírgenes de la Edad Medía. Vamos, que en su cabreo de pesadilla nocturna, Pérez Reverte ponía en duda que en la actualidad, en edad de merecer, puedan existir tal cantidad de vírgenes en España.

Posiblemente el escritor tenga en la cabeza, como muchos otros ciudadanos, en los que me incluyo, que tal y como está el patio de la adolescencia, algo está fallando en la sociedad, sobre todo si nos atenemos a los últimos casos dados en la provincia de Murcia. Bien es verdad que en estos tres últimos casos las protagonistas eran de origen extranjero, pero es igual; algo estamos haciendo mal para que, por ejemplo, una niña de once años haya dado a luz en el hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia; la semana pasada, que otra niña de quince años también fuese madre.

Hace apenas un mes se supo de otro nuevo caso de maternidad precoz que daba vergüenza ajena. Para resumir, en España, el año 2017, un centenar de niñas menores de 15 años quedaron en estado. Violaciones en los colegios, violaciones en fiestas entre adolescentes, violaciones y violaciones…¿Pero qué demonios está pasando? Raro es el día en que en la España negra no se escribe algún que otro capítulo del cual avergonzarnos.

Vuelvo a repetir: ¿qué está pasando? ¿Hay más casos, de los descritos, ahora que antes, o por contrario lo que hay es más información sobre ellos? De una otra manera, la información precoz sobre sexualidad, si entes era casi nula, ahora, entre tantos medios tecnológicos al alcance de los niños y tantas redes sociales, niños o adolescentes están sobre expuestos a una gran cantidad de información desvirtuada del sexo y todo lo ello conlleva.

Una de las soluciones más efectivas, para evitar seguir con semejante desvarío, fundamentalmente podría tener su base en la educación temprana en el propio entorno familia, así como en los colegios, con la finalidad de ir eliminando mitos y prejuicios de lo que debe o no hacer los niños. No es que la comparativa sea muy científica, ni quizá acertada, sobre todo por el drama familiar y social que representan los casos de las niñas embarazadas, pero si lo suficiente como para que Pérez Reverte, y alguno que otro, tal y como está el “baile” tengas dudas sobre la existencia en España de las Once mil Vírgenes de marras en periodo de merecer.