Donde las 24 horas se convierten en cuatro

Tan pronto como llega, se va; así es el ansiado verano. O… no, se va pronto pero tarda en llegar. Sí, mejor… Verano, ese periodo del año que más que nadie esperan los escolares, y este año me he dado cuenta del por qué.

Dentro de las cientos de miles de actividades, convocatorias y propuestas para la diversión y sosegar la calor que se dan cita en el periodo estival, están los tradicionales y, ya tópicos, campamentos de verano. Este mes de agosto he tenido la oportunidad y gran suerte de trabajar de monitor en un campamento en la Junta de los Ríos, sin duda un paisaje idílico en cuanto a naturaleza se refiere. Un paraje en el que se embrollan los ríos Guadalete y Majaceite, rodeado de eucaliptos y robledos entre muchas otras especies donde se reúnen cada año cientos de niños y niñas que asisten a sus ya tradicionales y esperadas vacaciones.

junta de los rios

Una semana sin padres, sin hermanos, sin tíos ni vecinos… simplemente sus amigos y amigas y el entorno natural. Eso sí, la primera y casi única condición para acudir es aprobarlo todo durante el curso, según comentan algunos padres. Hecho ésto, ya sólo queda disfrutar. Ocho intensos días de actividades, de diversión, de emociones fuertes, adrenalina, madrugones, naturaleza, buena alimentación y muchos muchos amigos son la recompensa de estos escolares que viven cada año contando los días para volver al ‘campa’. Un tiempo en el que también crecen como personas, maduran, se hacen más autónomos, más colaboradores y solidarios entre ellos y no importa la edad que tengan para ayudarse unos a otros.

Literalmente, así me lo decían, pasan el curso completo pensando en el verano, pero no en esos tres meses de vacaciones, sino en esa SEMANA. Semana en mayúsculas. Y no lo digo yo, lo dicen y certifican las lágrimas que caen de sus ojos el último día. Lágrimas de emoción, de recuerdos, de tristeza pero también de alegría, porque desde el más pequeño hasta el más grande saben que el 1 de agosto de 2016 volverán a verse las caras y a encontrarse, a contarse todo lo vivido en el año y a vivir lo que sueñañ de nuevo. Con tan poco y tanto, a la vez, se conforman.

Cualquiera que no lo haya vivido de pequeño no imagina lo que es, por ello con este texto quiero animar a todos los padres y madres a que les descubran a sus hijos esa magnífica forma de vida que ocurre una vez al año. Esos amigos que se unen cada periodo estival y donde la definición de verano se da la vuelta. Porque de campamento, tanto los días como las noches no se vuelven más largos, sino más cortos. Ocho días se vuelven como dos, las veinticuatro horas pierden el dos y se quedan en cuatro. El vivir en una burbuja de alegría constante durante una semana se transforma para ellos en un sueño que quieren volver a alcanzar cada año. Y usted que lee, si ha sido niño o niña de campamento entiende esto mejor que nadie.

  • Yolanda

    ¡Una gran verdad!Para muchos de nosotros,sin duda, la semana del 1 al 8 de agosto es la mejor semana del año. El mismo lugar, la misma gente, la misma fecha… creo que todo esto hace especial a este campamento al que volvemos a ir año tras año y donde disfrutamos como si fuera nuestra primera vez.Enhorabuena Alberto.

  • Ale

    Di que si Alberto, me alegra leer esto. Aqui dices toda la verdad, los dias se nos pasan volando, conocemos a gente nueva, nos encontramos con antiguos amigos, las actividades, los juegos…todo es magico. Pero lo mejor, esque alli nadie se cree mas que nadie, cada uno tiene su espacio y se le hace hueco a cualquiera, y eso no pasa en todos lados…El campamento Granja Escuela Buenavista, es el unico al que he ido, pero tambien es el unico al que quiero ir, ya que de todos los años que llevo yendo, conozco cada esquina, cada rincon, cada secreto y cada historia… Alli nada mas entrar te conviertes en niño y disfrutas donde en otro lugar no lo haces.