“Paco Bazán era el amigo universal. Su Fe sí movía montañas”

Entrañable y conmovedora Sesión Necrológica in memoriam Francisco Bazán Franco este pasado martes organizada por la Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras 

Los hondones de la remembranza revitalizan la sempiterna grandeza del amigo ido. Nostalgia y rescate -tributo y reencuentro- se funden y refunden entonces en un mismo haz y envés. Y aunque incluso el tiempo -¿el tiempo y sus estragos o la amnesia colectiva?- también borra -a medio o largo plazo- cualquier huella de la memoria, no habrá de suceder así con la inmortalidad de quien supo -porque pudo- inculcar su legado de amor en los corazones de cuantos le sobrevivieron, de cuantos le sobreviven. La Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras celebró este pasado martes una sesión necrológica que resquebrajó los cimientos de la previsible serenidad reinante para enseguida desestabilizar la contención de todas las emociones. Rescatar -en su redefinición pública- la trayectoria humana, humanista y humanitaria del Académico Correspondiente, portentoso restaurador y ejemplarísimo cofrade Francisco Bazán Franco -fallecido prematuramente este pasado verano a causa de una dura enfermedad- supuso para los cuatro intervinientes de esta sesión necrológica una prueba tan entrañable como incontenible de lágrima y evocación. Irreprimible de experiencia -de biografía-revivida. Acudieron a la sesión académica su viuda María y sus hijas. También sus hermanos de la Hermandad de las Tres Caídas. Sus innúmeros allegados y admiradores. Sus seguidores y amigos de veras. Y, sobre todo, el cuerpo académico, los miembros de la docta casa jerezana en cuya institución Francisco Bazán dejó un legado de entusiasmo-de compromiso de primera mano- precozmente malogrado.

Numeroso público concurrió a tan esperado homenaje. No faltaron a la convocatoria Francisco Cáliz en representación del Ayuntamiento de Jerez ni Juan Félix Bellido, presidente del Centro de Estudios Históricos Jerezanos, institución cultural jerezana a la que igualmente perteneció Francisco Bazán. Intervinieron, por este orden, el Mayordomo de la Hermandad de las Tres Caídas Esteban Benítez Domínguez, el Académico Correspondiente Bernardo Palomo Pachón, los Académicos Numerarios Francisco Antonio García Romero y Francisco Garrido Arcas, para cerrar el propio Presidente de la Academia Joaquín Ortiz Tardío. Destacamos a continuación algunas de las aseveraciones, de los recuerdos, de los subrayados pronunciados por cada uno de los ponentes:

Esteban Benítez Domínguez:

– “El testimonio de tu vida cristiana es lo que te hace grande, Paco”.
– “Cuando te fuiste no sólo se fue el amigo. Eras para mí un hermano”.
– “Con tu muerte se fue el confidente de largas charlas por teléfono. Aquel con quien imaginábamos altares de culto imposibles, con quien pensábamos hacer más grande aún si cabe a nuestra Hermandad de las Tres Caídas”.
– “Siempre hiciste con modestia y sencillez aquello que Dios te pedía. Siempre decías que te gustaban las personas que se visten por los pies. Siempre eras tan fiel a la amistad”.
– “Quiero que sean tus palabras, dichas por ti y leídas por mí, en los previos de la Estación de Penitencia de 2013, tres meses antes de su muerte, las que suenen hoy en ésta tu Academia al igual que sonaron el pasado Miércoles Santo para todos los anónimos nazarenos de nuestra Hermandad de las Tres Caídas. Un sorprendente, escalofriante mensaje en el que decías que “desde hace un tiempo estoy luchando -sin eufemismos- contra un cáncer que estoy convencido que se trata de una caricia de Nuestro Padre Jesús Caído, Aquel que me atrajo hacia sí hace treinta y cuatro años”.

Bernardo Palomo Pachón:

– “La Facultad de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría contempla su segunda etapa formativa”.
– “En 1987 ya era restaurador del Museo Contemporáneo de Sevilla”.
– “Varias obras de Bartolomé Esteban Murillo pasaron por sus manos”.
– “Fue un trabajador riguroso y siempre lleno de profesionalidad”.
– “Restauró varias obras de Valdés Leal, obras de Martínez Montañés”.
– “Un artista que supo llevar la restauración a su posición de mayor seriedad”.
– “Su nombre ha estado ligado a la sensatez de la profesión artística”.
– “El restaurador es un sanador de obras, un artista que debe dotar a las piezas que llegan a sus manos del esplendor que le imprimieron las manos de sus autores originales”.

Francisco Antonio García Romero:

– “Paco tenía una personalidad imponente y sencilla”.
– “Hoy me cuesta hablar de él porque es muy difícil hacerlo pero sé que Paco, de estar físicamente aquí, me daría ánimos. Él siempre te animaba a ti cuando eras tú quien tenías que animarlo a él. Él lograba que se desvanecieran mis problemas”.
– “Paco era un maestro en muchas cosas. Incluso en el humor, en el sentido del humor”.
– “Era como San Francisco, que necesitaba pocas cosas y las cosas que necesitaba las necesitaba muy poco”.
– “Antes y durante su lucha contra su enfermedad seguía siendo reclamado como profesional”.
– “Paco era el amigo universal. Su Fe si movía montañas”.

Francisco Garrido Arcas:

– “Francisco Bazán era un cristiano comprometido, un hombre de Fe. Tenía grandeza de espíritu. Siempre lamentaré no haber conocido a Paco hasta bien tarde”.
– “Fue un cristiano íntegro, un valiente líder de opinión de los que ahora necesitamos. Quiso entregarse a los demás desde la parcela de las Hermandades”.
– “Paco Bazán ha de definirse como un hombre de inquebrantable Fe que fue probado en la enfermedad de su hija y también en la traición en Getsemaní de su empresa”.
– “Él nos enseñó que tener Fe es dejar nuestros problemas en las manos de Dios”.
– “También María, su viuda, y sus hijas nos han ofrecido un modelo de Esperanza”.

Joaquín Ortiz Tardío:

– “En nombre de esta institución he de agradecer su ejemplo como académico”.
– “El siempre asistía regularmente a las sesiones académicas, incluso cuando la enfermedad ya le estaba afectando físicamente”.
– “Sus gestos amables eran la expresión de su corazón abierto”.
– “Siempre mantuvo la vida como sentido trascendente, la profesión como vocación y la familia como referente. Dejaba huella en todo aquel que lo conocía”.
– “Más que un colega, se nos ha ido un hombre bueno. La bondad del corazón y la sabiduría del cerebro son las virtudes más destacadas del hombre”.
– “Para nuestro académico la muerte fue, como dijera Dámaso Alonso, un paso a la luz. Así lo demostró”.
– “En él se cumplió el verso del poeta: Sed buenos y nada más”.
– “Debemos rendirle homenaje imitándolo”.