¿Qué significa la cruz en la frente el Miércoles de Ceniza?

¿Conoces el origen del rito de la ceniza? ¿Y el porqué de la frase “polvo eres y en polvo te convertirás”?

El Miércoles de Ceniza, que celebramos este miércoles día 14, es para los cofrades, en particular, y para los cristianos, en general, la -ilusionada- cuenta atrás que (nos) conectará con la fecha jubilosa -transformadora, espiritual, reflexiva, siempre tradicional- de la Semana Santa. Mas el Miércoles de Ceniza no es sólo el inicio de la Cuaresma, cuarenta días tan reservados para la oración y para el encuentro con Cristo. También para los católicos el Miércoles de Ceniza, llamado en la tradición litúrgica de la Iglesia como “miércoles al inicio del ayuno”, asimismo es la repetición y la renovación del rito de la imposición de la ceniza. Digamos que la Cuaresma es una concienzuda preparación -una anticipada y formada predisposición- para celebrar el misterio de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Decir Miércoles de Ceniza es revisionar y actualizar el antiguo -que no anacrónico- concepto de la penitencia. Una configuración penitencial que entre los hebreos se expresaba cubriéndose la cabeza de ceniza y así vistiéndose de aquel áspero paño llamado cilicio. En la Biblia, Judit, antes de emprender la ardua empresa de liberar Betulia, “entró en su oratorio y, vestida con el cilicio, cubrió de cenizas su  cabeza y, postrándose  delante  de  Dios, oró” (Jud 9, 1).

Los cánones de la tradición no nacen del mero capricho atemporal. Jesús mismo, deplorando la impenitencia de las ciudades de Corozaín y de Betsaida, dice que merecerán el mismo fin que Tiro y Sidón, si no hacen penitencia con ceniza y cilicio (Mt 11, 21). He aquí por qué Tertuliano, san Cipriano, san Ambrosio, san Jerónimo y otros Padres y escritores cristianos antiguos aluden frecuentemente a la penitencia in cinere et cilicio.

Todo tiene un sustento histórico y religioso. De hecho la Iglesia, cuando en los siglos V y VI organizó la “penitencia pública”, escogió la ceniza y el saco para señalar el castigo de aquellos que habían cometido pecados graves y notorios. El período de esa penitencia canónica comenzaba precisamente en este día y duraba hasta el Jueves Santo.

Es, por ende, un rito de antiguo la imposición de la ceniza. En la Roma del siglo VII, los penitentes se presentaban a los presbíteros, hacían la confesión de sus culpas y, si era del  caso,  recibían un vestido de cilicio impregnado de ceniza, quedando excluidos de la iglesia, con la prescripción de retirarse a alguna abadía para cumplir la penitencia impuesta en aquella Cuaresma.

En otras partes, los penitentes  públicos  cumplían su pena privadamente, es decir, en su propia casa. Era general la costumbre de comenzar la Cuaresma con la confesión, no sólo para purificar el alma, sino también para recibir más frecuentemente la Comunión.

Demos más fechas. El primer formulario de bendición de cenizas data del siglo XI. El rito de imponer cenizas sobre la cabeza de los penitentes, gesto de gran carga simbólica, se extendió rápidamente por Europa. Las cenizas, que provienen de la combustión de los ramos de olivo del Domingo de Ramos del año anterior, se depositaban sobre la cabeza de los varones. A las mujeres se les hacía una cruz sobre la frente.

Pero situémonos en la actualidad. “En polvo eres y en  polvo te convertirás”. La frase se utiliza cada Miércoles de Ceniza marcando así el inicio de la Cuaresma, los cuarenta días antes de la Semana Santa y la Pascua. La aplicación de la ceniza en la frente de los católicos recuerda a los mismos que el cuerpo humano no es eterno

“Hombre, acuérdate de que polvo eres y que al polvo volverás” (Génesis, Cap. 3, Vers. 19) es la frase que el sacerdote repetirá cada vez que aplique la ceniza en la frente de cada uno de sus católicos fieles. La imposición de las cenizas recuerda a los católicos que la vida en la Tierra es pasajera y que la vida eterna se encuentra en el cielo. La enseñanza busca hacer entender que no somos eternos, así como las cosas materiales de nuestro entorno. Tempus fugit. El hombre es frágil y quebradizo.

La traición se mantiene. Cada Miércoles de Ceniza los sacerdotes instan a tomar conciencia sobre cada uno durante la penitencia y buscar la conversión para el bien. Este miércoles algunos católicos aún cumplen con el ayuno y la abstinencia como muestra de arrepentimiento y de fe para purificar el cuerpo. Si bien no es una práctica muy común, son pocos quienes cumplen con dicha norma.

El ayuno en el Miércoles de Ceniza, y que luego se repite el Viernes Santo, es para personas de 18 a 59 años. Pero no significa dejar de comer ese día, sino consumir una sola comida fuerte, y la abstinencia implica no comer carne. Con estas dos prácticas, el católico refuerza su fe, demostrando a Dios que está arrepentido de sus pecados y por haberlo ofendido.

“Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre que ve en lo secreto y te recompensará en público”, dice el libro de Mateo, capítulo 6, versículo 16. La ceniza que se aplica en la frente de los católicos se elabora con los restos de las palmas quemadas, aquellas que fueron utilizadas en el Domingo de Ramos del año anterior. En algunas iglesias, las cenizas son rociadas con agua bendita y ahumadas con incienso.

¿Por qué la oración? La oración a Dios es algo importante durante estos cuarenta días. El católico debe buscar un momento para poder orar y pedir a Dios una ayuda para cambiar su vida. Dicha práctica se puede realizar en una iglesia o capilla, o bien en la intimidad del hogar. “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”, es la indicación que da Mateo en el capítulo 6, versículo 5.