¡Picador: qué bueno eres!

El picador Juan Gil pone fin a su actividad

Juan Gil, de Jerez, picador, hijo de picador, sobrino de picador, ha puesto término a su actividad profesional. Con tal motivo lo visitamos en su casa y nos recibe en el museíto que tiene preparado para compartir los momentos íntimos con sus amigos.

Juan Gil en su pequeño museo del Toreo
Juan Gil en su pequeño museo del Toreo

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Vamos a hablar de las sensaciones que provoca una retirada, de sus experiencias, de sus relaciones, de sus inicios… y de su futuro.

El otro día sentí nostalgia, porque, como había decidido hacer los papeles de la jubilación, cogí la pata para llevarla al garaje y me sentí por un momento mal, pero la decisión estaba tomada. Me siento joven, disfrutando de ir a Madrid y poner al siete como yo lo ponía.

Esa es la fase final, producto de la experiencia. Habla primero de tus comienzos

Nací en la calle Ponce. Lo que no se me olvida es ver a mi padre vestirse de picador y que fueran a recogerlo. Otra imagen es ver a Rafael de Paula a hombros cuando lo llevaban a su casa desde la plaza. Luego me apunté a la escuela de tauromaquia, que estaba en la plaza y luego se hizo la provincial con Rafael Ortega. Decidí meterme a picador y en el año 1990 toreé, con Varea Jerez, El Formidable e Ignacio Huelva, en San José Del Valle. Después nos hemos trillado veinticinco años. También aprendí mucho junto a Víctor Manuel Coronado, con el que hice veintitantas novilladas en el Valle del Teror.

Habla un poco de tu padre

Mi padre era delgado pero cogía los toros a ley. Estuvo siempre en el campo y tenía mucho corazón. Ha ido con Tinín, Mondeño, Limeño, Juan Antonio Romero; estuvo en Méjico con Luis; con Galloso fue cuando era novillero y con  Paco Ojeda, con el cual se jubiló. A su jubilación es cuando yo decidí hacerme picador.

Vamos a hablar de tus veinticinco años de picador

Recuerdo especialmente una tarde de Francia, en Roquefort, a donde fui con José Carlos Venegas. El delegado gubernativo me dijo que allí gustaba la suerte de varas. Los caballos eran dos sardinas con peto, pero con un espuelazo se movían estupendamente. Se formó un pollo… desde los medios, pegué cuatro puyazos, la gente de pie tocando las palmas. Me metí en el burladero del callejón y me hicieron salir a saludar en la arena. Eso no me lo esperaba…, los periodistas entrevistándome…; uno lo disfruta cuando salen las cosas bien.

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¿Con qué toreros has ido?

He ido con Víctor Janeiro, Paco Senda, Alberto Manuel, con Joselito Huerta, de Málaga, con Octavio Chacón, Jesuli, Caro Caraballo Antonio Rosales, de Madrid, con Martín Antequera…, con El Ruso cuando era novillero. Son tantos nombres…, he toreado hasta con Miguel Márquez, con Ruiz Miguel; con Galloso y con Currillo también he ido alguna vez.

¿En qué picador te has fijado como modelo?

Aparte de mi padre y mi tío, me fijaba en Ambrosio, que era tan delgadito pero con tanta casta en el caballo. Ahora bien, en el caballo te tienes que sentir tú. Sobre la forma echar el palo, mi padre decía que era muy feo llevar el palo montado; a mí me ha gustado esperar y luego echar el palo, es más bonito.

Para ti, ¿cómo sería un puyazo ideal?

El sitio ideal de poner la puya es donde termina el morrillo, donde hay un ricito que se ve desde arriba. Si lo coges dos dedos más atrás te dicen que rectifiques y si picas delante, en el morrillo, el toro no sangra mucho, aunque es verdad que luego descuelga.

¿Con qué compañeros de fuera de la puya te has llevado bien?

Yo me he llevado bien con todo el mundo. Cuando iba con Alberto Manuel formaba cuadrilla estable con Mariscal y Martín Vidal, que era un capote sensacional, y nos entendíamos sin hablar. En el toro no hacen falta chillos ni voces; ¿tú has visto alguna a Enrique Ponce pegar voces? Siempre me he llevado bien con todos. Durante años organicé una cena anual a fin de temporada en el Tendido 6 y pasábamos unos ratos más buenos; venía un banderillero de Córdoba y me preguntaba: Juan, ¿tú cómo consigues organizar esto? Luego está la gente que he conocido a través del mundo del toro; una familia de Granada, a través de El Güejareño, me prestaba su casa cuando actuaba por allí. El ganadero don Joaquín Buendía me apreciaba y alguna vez me regaló una toro para carne. A ti te he conocido, aparte del instituto, por el mundo del toro; igual que a Rafaelito Valenzuela, que es otro fenómeno. Yo, lo que pueda ayudar a mis amigos,  lo haré.

¿Puedes comparar el panorama de la pica con el que había cuando empezaste?

En veinticinco años ha evolucionado un poquito a mejor. Los caballos están mejor domados, no son tan pesados; se ha quitado peso a los petos. La puya la han recortado y lo veo lógico en determinados momentos. Si ha acaso, hay diferencia entre el sur y el norte de Despeñaperros.

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¿Notas diferencias entre los públicos?

En Sevilla tienes que ir motivado; si te tocan las palmas te vas para adentro enorme; si has estado sólo regular, te soportan. En Madrid la moda de “picador, qué malo eres” me mata, pero si haces las cosas bien, con el corazón, te tocan las palmas, te lo aprecian; ahora, si lo haces regular, no te lo soportan. En Francia son muy críticos; no te chillan pero te dicen: “lo has hecho mal” y si lo haces bien te lo reconocen mucho.

¿Cuál ha sido tu mejor actuación por aquí cerquita?

Aquí en Jerez, cuando fui con Octavio Chacón en una novillada de Villamarta. Era mi primera vez en Jerez. Salí, levanté el palo, lo llamé desde lejos y le pegué dos puyazos muy buenos. Me estaban viendo mi padre y mi tío; éste me dijo: “sobrino, éste es el camino”.

Cuenta ya tu última actuación en Las Ventas, que merece la pena

Iba con Fran Gómez, con quien también había estado el año anterior y no había estado mal. Piqué el cuarto y de principio había runrún. A mi compañero le había salido mal la cosa y el gracioso de turno había gritado eso de ¡picador! para que el 7 contestara ¡qué malo eres! Al que me dio la vara le dije: ¿ves aquella gente? Verás cómo los voy a poner. Salió bien la cosa y los puse en pie tocando las palmas; el gracioso de antes gritó “¡picador!” y todo el 7 respondió “¡qué bueno eres!”. Allí hasta el Rosco tocaba las palmas; me daban la mano por el callejón y me fui para adentro muy a gusto. Eso lo consigue uno con el tiempo.

La prensa recogió tu buena actuación citando tu nombre y apellidos.

Eso es lo que me voy a quedar y lo que me da nostalgia, al pensar que no voy a volver a Madrid.

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¿Cómo vas orientar tu afición?

Voy a seguir aumentando mi museíto. No voy a perder el contacto con mis compañeros. Intentaremos organizar un premio al mejor picador, ya veremos cómo. Ya en su momento organicé, junto a la peña “El Cordobés”, un homenaje a los picadores retirados y salió bien.

¿La Escuela de Tauromaquia de Jerez podría ser el ámbito para formar nuevos picadores?

Ya se ha comentado alguna vez pero el picador se tiene que formar en el campo, tiene que conocer las ganaderías. Yo me hice picador en Martelilla, con Curro y con Pepe de Lebrija, y en Picao, con Alfonso Vázquez. Hay que estar en el campo y montar a caballo.

Alguien puede pensar que en una sociedad que está dejando de ser rural es más difícil entender de toros. ¿Corremos el riesgo de que el picador sea aficionado al caballo pero no aficionado al toro?

Siempre sale alguno como yo, que no nací en el campo. Esto debe ser cosa de mayorales y de dinastías. Una escuela de picadores no va a salir, sería complicado.

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¿Ves en el futuro una corrida sin sangre?

El toro tiene que ir al caballo, tanto para seleccionarlo en el campo como para ahormarlo en la plaza. Puede haber cambios en la puya pero al toro hay que sangrarlo para descongestionarlo y ahormarlo. Poner un corcho al toro para las banderillas implica meterlo en la manga y ahí sufre una paliza que equivale a dos puyazos.

¿Qué picador en activo destacas?

Aquí, en nuestro rincón, hay muchos picadores y todos son buenos: José Antonio, Romualdito; en Trebujena, los Alventus, Justo… Me alegro de que a todos les esté yendo muy bien.

Juan Gil junto a Marciano Breña, responsable de la sección taurina en Grupo MIRA.
Juan Gil junto a Marciano Breña, responsable de la sección taurina en Grupo MIRA.
Muy bien, Juan.

Ha sido una entrevista muy grata. Aquí estoy para lo que haga falta. Hay que colaborar.

En su museíto se queda Juan, con su sonrisa de verdad, entre objetos de la profesión, entre fotos para el recuerdo; están las de su padre (con cariño para la de la última goyesca en Cádiz), las de su tío, las suyas, las de toreros amigos, las de toreros que admira, las de los suyos…. Volveremos. Aquí, un amigo.

Juan Gil junto a su familia